Ser consistente es uno de los pilares de la comunicación persuasiva.  Lo sabemos pero… ¡qué difícil!  Porque… ¿qué significa “ser consistente”? ¿Cómo se logra la consistencia en un negocio online? Si alguna vez te hiciste alguna de las preguntas anteriores – o si al leerlas te cuestionaste sobre tu propia “consistencia”- este es el post para que reflexionemos desmesuradamente sobre el tema.

 

Comunicación persuasiva: los pilares.

 

Esta reflexión es la continuación del siguiente texto que te invito a leer: Coherencia para persuadir.  ¿Por qué deberías leerlo? Porque va a ayudarte a encontrar sentido y orientación en las tres C de las persuasión:

  • Coherencia
  • Consistencia
  • Confianza

La persuasión es un proceso no un toque mágico del lenguaje. Aunque estoy de acuerdo con  tu desvarío imaginario: sería genial que funcionara con el solo roce de las palabras. Mejor aún que con una pildorita porque… queda claro: a las personas también hay que persuadirlas de tomar pildoritas.

Si ya estás trabajando la coherencia es el momento de comenzar a pensar en la consistencia.  No es soplar y hacer botella.  Al menos para quienes tenemos un espíritu desmesurado y veleta que se mueve al compás de los vientos de la imaginación.  Porque sí, somos firmes en las convicciones y en los propósitos pero basta que cruce el aire una mariposa y se llevó nuestra imaginación con ella invitándonos a otros cientos de proyectos posibles.

¿Te reconocés?

Entonces para vos, tanto como para mí, la consistencia es un desafío. Porque implica no solo la certeza en el propósito sino una visión muy enfocada en la meta a la que nos proponemos llegar. Y todo este viaje, con el equipaje más liviano posible. O dicho de otra forma: siendo quien sos, porque las máscaras, pesan demasiado.

 

Comunicación persuasiva y consistencia desmesurada.

 

La primera de mis conclusiones es que el sentido de consistencia que defiendo es muy cercano al sentido de autenticidad. Porque, si como te mencioné anteriormente, la consistencia es la persistencia en un propósito, no se me ocurre otra forma de ser constante que comenzar la búsqueda del sentido propio (eso que por allí, llamamos Ikigai).

 

La etapa de exploración.

 

Comencemos aliviando tu ansiedad: contemplo la posibilidad de que los propósitos muden de forma.  En ocasiones, mudan de forma más seguido de lo que quisieras porque estás en plena etapa de exploración. No te ofendas ni te desanimes si en este momento en particular quienes tu entorno te consideran imprevisible e inconstante. Lo más probable es que detrás de la nueva forma, se conserve la misma dirección.

Entonces, encontrar la dirección tras las formas mutables es tu desafío. Mi dirección tras las formas mutables se sintetiza en un acrónimo: CCS (¡Cuántas C! Estoy preguntándome si será casual que mi hijo se llame Camilo). CCS es “creer, crear, servir”. Y mi forma de servicio es la enseñanza. Simplificar y compartir el conocimiento.

Así que, aunque mi consistencia haya sido puesta en duda en algún momento -cuando decidí cambiar de profesión, y luego cuando luego de 15 años de carrera, decidí dejarlo todo para seguir un anhelo personal- el propósito permanece porque todo lo que elegí hacer en la vida, está relacionado a la creatividad y al servicio.

Seguramente existe esta coherencia interna en tu búsqueda y solamente vos podés unir los puntos que están desconectados a simple vista. La consistencia va a ser entonces una consecuencia del viaje en el que vayas conectando un punto con el otro. Por ese mismo motivo, nunca la vas a sentir como un esfuerzo.

 

Etapa de concreción.

 

Si no necesitaste esta etapa previa de exploración ¡bien por vos! O no te cuestionaste jamás el mundo que te rodea o tenés una visión tan clara de qué le da sentido a tu vida que no fue necesario cuestionarla. Lamentablemente, la segunda -que sería la deseable- suele confundirse con la primera con más frecuencia de lo que quisiéramos. Entonces, confundimos el propósito con la pereza zombie de pensar sobre la forma en la que elegimos vivir.

Aunque las búsquedas de este tipo no son de las que llegan a puerto y te atan el bote para siempre, sí es cierto que llega el momento en el que descubriste la coherencia interna de tu propósito (el origen de la consistencia) y podés manifestarlo en diferentes formas sin que te cause conflicto.

Claro… esto no significa que la práctica no te ponga a prueba. Especialmente cuando tu forma de servir a los demás está relacionada con transacciones financieras. Si vendés (lo que sea que vendas: productos o servicios) es probable que tengas que realizar ajustes permanentes a tu comunicación persuasiva.

 

¿Por qué?

 

Porque aunque tu propósito se mantenga, tenés que encontrar el mejor vestido para presentarlo en sociedad. Así de simple. No se trata de otra mudanza sino de cómo lograr que los demás seres humanos vean tan claro como vos que lo que estás ofreciendo tiene el potencial de cambiar su vida, hacerla más simple o bonita.

Estamos de acuerdo que en este momento, la fe que tengas en lo que ofrecés como manifestación de tu propósito es elemental. Cuando creés en lo que estás ofreciéndole a otra persona cambian:

  • El brillo de tu mirada.
  • Tus gestos y ademanes.
  • Tu tono de voz.

Puede que sean cambios sutiles pero quien te escucha lo percibe a un nivel profundo, más allá de la conciencia: donde interpretamos la información que no es verbal y que pone en juego todo nuestro conocimiento sobre el mundo y los seres humanos. ¿Tenés que hacer algo para lograr esto? Creer. Nada más. Por supuesto que existen formas de “emular” la convicción para una comunicación persuasiva:

  1. Podés fingir un tono de voz entusiasmado que persuada a quien te escucha de tu certeza.
  2. O sumar ademanes de manos a tu discurso, porque consolidan la confianza.
  3. Podés investigar todo el vocabulario de la persuasión y usar palabras que despierten la necesidad de comprar.

La pregunta es… ¿por cuánto tiempo? ¿Cuánto tiempo serías capaz de sostener esta situación frente a otro ser humano sin agrietarte? Repito por si no fui lo suficientemente enfática:

 

El sentido de consistencia está íntimamente ligado al sentido de autenticidad.

 

Además, no sé para vos, pero para quien escribe: es un alivio ir por la vida siendo quien es, aunque eso incluya todas mis contradicciones y las características de mi personalidad que no son funcionales en el mundo laboral. La comunicación persuasiva es aquella en la que las palabras, por más estudiadas que sean, son naturales a tu conciencia y forma de entender el mundo.

 

El estado de gracia de la comunicación persuasiva.

 

Suena religioso pero no se me ocurre mejor forma de describirlo. Pasar por el proceso de ejercitarte para descubrir qué es lo que querés en este momento y transformar tu negocio en una expresión de ese anhelo es persuasivo. Punto. No hay que darle muchas más vueltas al tema de la comunicación persuasiva.  Luego veremos cómo amplificar tu mensaje, que eso, ya es otro tema.

 

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