Cero.  Zero. Nada. Tu fanpage se parece al comienzo de un western: mucho polvo y el ruido seco del viento.  En el fondo de la escena estás vos, al mejor estilo Harry el Sucio, preguntándote cómo conectar con tus clientes sin entrar en un duelo a mano armada con los ads…

Gran pregunta.  Estás sufriendo el síndrome de la fanpage asténica . Más conocido en la jerga social como ACA: a-comentaritis aguda.  Nunca te habías imaginado que la ausencia de comentarios en tu muro tuviera efectos colaterales tan desagradables: crisis de rabia, sudoración fría y una envidia nada sana de quienes apenas tienen tiempo para responder a las hordas de fans.

Alto. Aparta los pensamientos pirómanos mi pequeño saltamontes. Nada tiene que arder.  O sí, que tu muro arda de comentarios. Pero eso es otra cosa. Vamos a prenderle candela a esas redes desmotivadas.

 

Conectar con tus clientes: empecemos.

 

Si te suena familiar la escena de película y los deseos de prender fuego las plataformas sociales, comencemos  por hacernos un cuestionamiento elemental: ¿Qué es lo que hace una presencia online atractiva?

Existe mucha oferta allá afuera, entonces:

  1. ¿Estás haciendo todo el esfuerzo posible? ¿O sos de quienes “van tirando”?
  2. ¿Estableciste una estrategia comunicativa? ¿O lo tuyo es puramente  intuitivo?
  3. ¿Medís tus avances mensualmente? ¿O dejás la medición de tu progreso al azar?

Lo sé. Son preguntas molestas que respondés con una afirmación mecánica.  Escuchaste mil veces la misma historia y lo único que te interesa es que abandone la retórica y te cuente cómo conectar con tus clientes.

Sin embargo,  cuando te realmente preocupa conectar con tus clientes  hay que comenzar por las bases. En lo que a la comunicación entre seres humanos se refiere, toda respuesta automática es una trampa. Ni te cuento si tu cerebro sabotea tus esfuerzos con un:

 

Yo no necesito tantas vueltas. Lo hago como lo hice siempre: a mi manera y como va surgiendo.

 

Cada vez que escucho una afirmación similar, suenan las alarmas desmesuradas. Conozco cada uno de los embustes mentales de un hobbista que sueña con el negocio propio. Estuve allí  más tiempo del que me gusta confesar.  Por eso, tengo la certeza de que nos habita la convicción de estar “haciéndolo todo” y el recelo de frases hechas como:

 

Es necesario establecer una estrategia y ser conciente de tus métricas para lograr el crecimiento sostenido de una marca en redes sociales.

 

Cansada del bla, bla, bla.

 

Lo cierto es que, cansadas del “bla, bla, bla”,  en el 90% de los casos ignoramos sugerencias relevantes.  Ahora, en consideración al 10% restante,  dejame sugerirte que realices una simple y honesta auditoría de tu actividad social online. Si tus posteos en redes los comenta tu tía Tota -con suerte- y la palabra visibilidad  la escuchaste en la sección meteorológica del noticiero, entonces abrí el cuestionamiento: algo no está bien.

Que aún no sepas qué es lo que no está funcionando no te exime de responsabilidad. La ignorancia no es excusa. Quizás te auto-justifica, pero rara vez ayuda a mejorar las condiciones que te preocupan.

 

Contame qué hago con tu dichoso storytelling.

 

Sí, duele. La palabra “ignorancia” produce un tajo hondo en el ánimo. Aunque es la palabra que viene al caso, porque cuando no podemos resolver un problema es porque ignoramos cómo hacerlo. De lo contrario, te encanta sufrir y eso es una patología que no se resuelve en este espacio desmesurado.

Esta primera instancia de reconocimiento no es fácil de procesar por el hígado emprendedor.  Pero mirar hacia el costado y buscar formas de sentirse una víctima de las circunstancias no nos lleva muy lejos tampoco. En todo caso, comencemos asumiendo que no estamos “conectando” y  busquemos algo de sentido para tanta frase hecha.

  1. ¿Qué significa conectar con mi audiencia?
  2. ¿ Por qué tanta insistencia en explorar mi autenticidad y mostrarme vulnerable?
  3. ¿Con qué se come eso de ser tu mejor versión para generar vínculos?

Vayamos punto por punto.

 

1- ¿Qué significa conectar con tus clientes?

 

Si hay algo que tengo que reconocer es que la repetición hizo que el enunciado conectar con tus clientes se vacíe de significado.  Para recuperar el sentido, te propongo que hagamos un desglose de lo que significa lograr conexión:

  • Atención: ser visto entre las miles de opciones disponibles.
  • Diferenciación: destacar ofreciendo un factor diferencial.
  • Retención: ser recordado por una audiencia específica.

Estos tres pasos son inevitables. Antes de lograr un vínculo emocional con otro ser humano es condición necesaria que te encuentre en la inmensidad del espacio y considere tu propuesta suficientemente interesante como para dedicarle un minuto de atención.  Leé lo que sigue pausadamente: las anteriores son condiciones necesarias, no suficientes. Cuando ese minuto de atención es tuyo, toda tu energía tiene que enfocarse en garantizar la impronta, mantener el contacto y a partir de allí, nutrir esa relación poco a poco.

 

¿Te da pereza pensar en el esfuerzo de crear la estrategia de captación y sostener un vínculo a largo plazo a puro contenido?

 

Entonces tu vida en las redes va a ser cansadora. Cuando creiste que un posteo diario era un triunfo de la voluntad, te desayunás que los profesionales en el tema realizan entre siete y diez como promedio.  Todos ellos centrados en las expectativas de su audiencia. Lograr conectar con tus clientes significa interesarte en lo que ellos necesitan no en cuánto los necesitás a ellos para aumentar tus ventas.

 

Antes de que termine el día de hoy tenés que responder una pregunta poniéndote en los zapatos de tu audiencia:  ¿por qué tiene que importarme esto?

 

Solo cuando tengas esa respuesta respecto de tu producto o servicio, seguimos hablando.

 

2- ¿Qué significa ser auténtico y mostrarte vulnerable?

 

Vos queriendo entender cómo conectar con tus clientes y yo que te hablo de autenticidad. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra Paula? Sin apuro. Prometo que el preámbulo es necesario porque tarde o temprano vas a tener que pensar en esto.

Llegamos a una de mis afirmaciones preferidas cuando de conexiones se trata: la autenticidad. Que no por ser estrictamente necesaria para sobrevivir en las redes sociales sin ulcerarte, deja de ser metafísica.

No importa cuan natural te presentes frente a tu audiencia, tu imagen en las redes sociales es siempre una construcción. Lo que llamamos “presencia online” es un juego de imágenes y retazos de sentido que en el mejor de los escenarios configuran una marca consistente. Tu forma de ser y estar en el mundo trasmitida en directo es una ficción.

Autenticidad es selección: elegir qué mostrar y qué no. Dejar entrever lo que la mayoría preferiría barrer bajo la alfombra suele ser lo que llamamos “autenticidad”. En este sentido, cuestionarte qué recorte de tu realidad estás haciendo en tus plataformas sociales es básico para pensar en cómo conectar con tus clientes.

Como ejercicio de sinceramiento, te reto a que cuestiones algo mucho más interesante que tus publicaciones: ¿qué es lo que estás cubriendo con un manto de silencio para atraer a tu audiencia específica?

 

3- ¿Qué significa ser mi mejor versión?

 

La idea es noble. Quizás algo manoseada pero noble. Claramente para generar un vínculo con otras personas -sí, de nuevo: conectar con tu cliente- ofrecemos lo mejor de nosotros y de nuestros productos y servicios. ¿Qué sentido tendría buscar la atención de otro para complicarle la existencia?

Quienes ofrecemos nuestro conocimiento o nuestro talento, buscamos ayudar. Aunque en algunas ocasiones nos salga mal. Y en otras bastante peor.

No es que una se levante pensando cómo arruinarle la vida a los clientes. No. Es que una marca que funciona nace de conocer tanto tu potencial como tus limitaciones y por esas cosas que tiene la vida, ignoramos olímpicamente tanto unas como las otras. Entonces llegan los porrazos.

Con el tiempo aprendés a blindarte contra las decisiones que parecen tomadas por tu peor enemigo: el proyecto que es una pérdida de tiempo, el cliente nada ideal, el trabajo del cual deberías huir porque tu intuición aúlla en su contra.  Claro, tu metamorfosis en Ironman, deja huella. De hecho, desde aquí mis disculpas a todos los que hayan formado parte de mi camino hacia la mejor versión de mi negocio. Sepan que nunca fue personal.

Tu mejor versión deja un rastro de deslices monumentales que quisieras tapar con tierra pero sin los cuales difícilmente habrías llegado al punto al cual llegaste. Es así: tu mejor versión está pavimentada de errores. Ellas, también son tu storytelling de marca.

 

Conectar con tus clientes contando historias.

 

Por si aún no fui lo suficientemente clara: tu identidad online es una construcción a base de historias. En este proceso, narrar supone elegir qué detalles mostrar. Y más importante aún: qué detalles van a permanecer ocultos. Es una labor de ingeniería verbal que tiene mucho de técnica y no menos de arte.

Por eso es tan absurda la idea del plagio. Esos relatos de tu competencia que desatan cientos de comentarios pueden dejar absolutamente indiferente a  tu audiencia. El transplante de historias tiene más riesgos que beneficios: no en todo sustrato prenden las mismas historias.

¿Querés hacer algo que tiene amplia aceptación en cualquier espacio en el que haya más de dos almas reunidas? Procurá ser conversacional.

 

¿Qué significa crear contenido conversacional?

 

Las redes son conversaciones. No es un descubrimiento sino una constatación. Tu mejor apuesta en este contexto es crear textos que tengan el tono natural del diálogo. Podés hacerlo: llevás una vida dialogando con otros seres humanos. En consecuencia, aunque tus habilidades comunicativas pueden mejorar, los fundamentos de la conversación no son ajenos a tu experiencia.

 

Sabés lo que hace que otro ser humano te mire con sorpresa.  Conocés los temas que generan rechazo y las formas de decir que te garantizan enemigos. Conversar es intercambiar.

 

El justo reclamo.

 

Voy a concederte un justo reclamo: escribir implica un grado de sofisticación mayor. Imitando la oralidad es muy fácil caer en una falsa sensación de empatía que levanta muros de indiferencia. Veamos un ejemplo de falsa empatía para que jamás caigas en ella:

 

Yo sé que te sentís agobiada y triste.  Yo me sentía igual. Como vos, lo único que yo quería era que me creciera el  potus”.

 

¿No sentís cómo se te eriza el antebrazo? ¿Quién te dice cómo me siento porque no me crece el potus? Salvo que tengas un poder psíquico al que no accedemos la mayoría de los mortales, arrogarte tal saber es demasiado. Sí podés intuir a qué aspira quien tiene el potus triste: regalarle gajos a todo cristo que se le cruce y aún así, seguir teniendo una planta que le de envidia a la cuñada.

Los gatillos mentales de la empatía carecen de romanticismo. Por supuesto se resienten con el “yoísmo vendedor” y apelan a esa parte de nosotros que no confesaríamos en voz alta ni bajo tortura: el deseo de reconocimiento y admiración, la necesidad de pertenencia o el anhelo de poder. Procesalo a fuego lento y ponelo en práctica en tus mensajes.

Conociendo la falsa empatía “yoísta” que deberías evitar, veamos tres aspectos que pueden fortalecer el diálogo con tu audiencia:

 

1- Sonar relajada y conversacional.

 

Tus textos se benefician si te alejás de las imposturas. ¿Ya lo pusiste en práctica? Evitá “escribir como”, los modelos pueden ser tu punto de partida inspiracional pero no te quedes a vivir con ellos.  Tampoco utilices determinadas palabras para impresionar.  ¿Qué sentido tiene forzar una oración con una palabra que acabás de googlear?

La simplicidad es una regla que cobra cuotas siderales cuando es ignorada. Ahora, si  te sostiene el firme propósito de aumentar tu vocabulario gradualmente, siempre podés usar la app Palabra del día.

 

2-  Apelar al humor.

 

Entendámonos, no se trata de transformarte en comediante sino de huir de una seriedad más pretendida que real. Necesitamos un poco más de humor, por favor. Hacia donde miro veo personas “exitosas” contando historias.  En ocasiones, alquilan una vida que no les pertenece porque aspiran a poseerla. Y la cuentan con total seriedad. Llevan al extremo uno de los mantras del gurú sajón: “Fíngelo hasta que sea verdad”.

¿Funciona? Supongo que temporalmente podrás crear una imagen convincente. Incluso es posible creerse el rol interpretado. A mí, me genera un cansancio infinito solo pensar en llevar adelante semejante teatro. Por eso te propongo mirar con humor tu realidad para transformarla: “Reíte de ella hasta que tu objetivo sea verdad”.

 

3- Compartir conocimiento con amabilidad.

 

Contar historias en tus plataformas sociales te permite ofrecer conocimiento sin plantarte frente a tu audiencia como el libro gordo de Petete.  Más importante aún: contar te permite compartir tu  experiencia sin pretensiones.  Los relatos ilustran tu punto con más precisión y fomentan el compromiso del lector. Atención: no existen formas correctas o incorrectas de contar una historia. El error que cometas puede ser de gramática o de contexto, por eso es conveniente analizar:

  • Qué contar.
  • A quién.
  • Cómo
  • Dónde.
  • Cuándo.

Los relatos sufren cuando son instrumentalizados. Tratalos como un traje a medida para tus redes. Pensalos, organizalos, meditá cuándo es el momento de escribirlos y cuándo es mejor utilizar otro tipo de texto. Podés leer este post para profundizar en el tema: 5 trucos de storytelling para tu marca.

 

Conectar con tus clientes en todo caso…

 

Sí, mi espíritu desmesurado, conectar con tus clientes no es algo que sucede por generación espontánea. Somos seres humanos no hongos. Crear una conexión real supone escuchar y ofrecer primero lo que el otro quiere. Ser generoso hasta la insistencia y solo entonces, llega el momento de obtener respuesta.

¿Querés conducir a tu audiencia en el descubrimiento de tu marca? ¿Soñás con responder decenas de fervorosos comentarios al día? Entonces tatuá estas sugerencias en tu mente. No te pido que las entiendas. Por supuesto que las entendés. Te pido que las hagas carne.

Nadie dijo que es fácil. Pero vale la pena.

 

Autor

Escribir un Comentario