Mi relación con las historias es previa a este proyecto desmesurado. Si no creyera que se pueden contar historias que venden, no habría estudiado Letras.  Entre otras cosas, porque interpretar un texto es vender una forma de entender la literatura y el mundo de acuerdo al lugar desde el cual situás tu mirada.

No tengo la más mínima duda respecto al potencial de las historias para conectar con tu espíritu y transformarte. Por más indiferencia que sientas hacia un relato, siempre es transformador. Leerlo o escucharlo te transforma aunque el cambio no sea visible. Aunque vos misma consideres que haber dedicado tu tiempo a ese relato fue una pérdida de tiempo.

En ese sentido, la pregunta no es si hay historias que venden sino ¿cuáles son las historias que venden? ¿Cuáles son las historias que generar una transformación?  Una respuesta a estas preguntas es lo que vas a encontrar en este post.

 

Storytelling: historias que venden.

 

No sé si ya lo notaste pero tu proyecto personal es una historia.  Tu negocio es un cúmulo de experiencias que existen en el presente o en tu memoria porque podés contarlas. Porque tienen “traducción” directa a las palabras que usamos cotidianamente para comunicarnos. De otra forma, no existiría como tal. Sería “eso” imposible de decir con el lenguaje.

Afortunadamente,  tus experiencias pueden contarse. Y tienen su propio ritmo. Tu negocio tiene su propio ritmo y es este ritmo el que tenés que compartir con todo el que quiera escucharlo pero, especialmente, con las personas a las cuales están dirigidos tus productos y servicios.

 

1- Bailar a tu propio ritmo.

 

El proceso de creación de un negocio es terreno minado de relatos. No podés caminar sin que te exploten las historias con cada paso. Desde la necesidad de emprender  hasta el proceso de elección del nombre de tu marca, todo hecho -por más insignificante que te parezca- es un cuento para contar.

¿Por qué contarías estos cuentos? Porque cuando compro tu producto o servicio te compro la historia de quien sos y por qué lo creaste. Si no, le compraría a quien me ofrezca el mismo producto pero más barato. Si elijo comprarte es porque vos, me contás la historia mejor que nadie.

Atesorá los recuerdos de cada paso que das. Son más valiosos de lo que puedas imaginarte en este momento. Ofreceles a tus clientes la posibilidad de elegirte no solo por la calidad de tu producto o servicio sino por ser quien sos. Es clavado: le compramos a personas interesantes.

 

2- Ser auténtica es desear ser.

 

Nada es más simple y efectivo para persuadir que la autenticidad.  Lo has leído por todos lados y tantas otras veces lo leíste en un post como éste.  La autenticidad -como otras formas de expresión- es una construcción. Quizás la menos premeditada de las construcciones,  te lo concedo. Pero sigue siendo una forma de expresión construida en función de tus experiencias personales.

¿Qué quiero decir con esto? Sin vueltas: ser auténtica es la historia que podés sostener sin esfuerzo. Sin embargo, no te olvides que sos más auténtica cuanto más te parecés a lo que querés ser. Cuando transformás en palabras tus aspiraciones estás dando el primer paso para hacerlas reales.

¿Cómo se aplica esto a tu marca? Contá lo que sos y lo que vas a ser cuando tu proyecto sea como lo soñás.  No me malinterpretes. Esto no significa que “mientas” sino que te des permiso para transformar tus propósitos en relato. Proyectá en el presente lo que va a ser tu realidad en el futuro.

Para muestra basta un botón. Si puedo elegir y en estado de plena conciencia no te piso un Mac Donald´s  ni que me suene un concierto en las tripas. Pero… hay que ver lo astutos que son para contar historias:

 

 

3-  Con moraleja es mejor…

 

Antes de continuar pongamos esto en claro: no toda historia tiene moraleja. Algunas historias cuentan sin más. Ahora, en el terreno de las historias que venden, el procedimiento es éste: primero, la moraleja y luego, en torno a ella, se construye la historia. En las redes sociales nada tiene el poder de las moralejas.

Para eso, tenés que tener un mensaje de marca preciso como un láser. Si es necesario lo escribís y lo re-escribís. Te lo pegás en el espejo del baño y lo leés mientras te lavás los dientes. Yo sé que suena raro pero si supieras que funciona, ¿no lo harías?

Con tu mensaje claro, las moralejas surgen solas. ¿Te provocan un coma diabético? Quizás, pero funcionan. Claro, tenés que tener mucho cuidado porque una cosa es contar para persuadir y otra muy diferente, manipular. La manipulación se siente y se vuelve en tu contra.

¿Cómo? ¿Todavía no definiste tu mensaje? Empezá por tu tagline leyendo este post:  Esa frasesita que te define.

 

4-  Las historias que venden tienen gancho.

 

Construir una historia es una labor de ingeniería verbal.  Si no sabés por dónde empezar, empezá por planificar tres momentos que hacen la diferencia en un relato:

  1. El final (sí, es lo primero que tenés que tener claro y si trasmite una moraleja que encierra tu mensaje de marca, mejor).
  2. La peripecia (ese momento en el que las cosas tal como estaban ya no funcionan y cambian. A veces los personajes se dan cuenta, a veces los toma por sorpresa).
  3. El gancho inicial ¿qué podés decir que haga que tu lector necesite seguir leyendo? ¿cuáles son los resortes que lo impulsan a leer aunque se le esté quemando la comida en el horno o lo atosigue el teléfono?

Las historias que venden comienzan conociendo a tu cliente ideal. Si sabés qué lo mueve y qué lo mantiene pegado a una silla, entonces estás a un paso de contar un relato ganador.  Si no lo conocés, te estás tardando, tenés que leer este post:  la versión desmesurada del cliente ideal.

 

5-  La historia te pertenece…

 

Pero no su interpretación. La historia es tuya y  te vas a sentir bien contándola. Las historias que venden son historias en las que vos te emocionás y hacés que otros se emocionen. Si no… ni chicha ni limonada.  Ahora, siempre tenés que tener presente que aunque la historia “te pertenece”, lo que entiendan quienes la leen es un mundo aparte.

Escribir para vender implica reducir este margen de “interpretación” a lo mínimo indispensable. Lo que en la literatura es riqueza en el mundo online es insoportable incertidumbre. No querés que tu audiencia sienta eso. No querés que sienta la incomodidad de un cuento sin estructura. Por eso, aunque la historia es tuya la escribís pensando en quien va a leerla. Que todo sea claro como el agua, simplificá aún lo que es obvio y tomate con calma el doble sentido.

 

Otras Historias que venden.

 

Antes de salgas corriendo a escribir tu propia historia, te cuento que: podés descargar el plan trimestral para transformar tu marca en un negocio online. Y contame en los comentarios cuál es tu experiencia contando y leyendo historias que venden.

 

 

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