Cómo elegir el lector para mi blog.  ¿Te preocupa este tema? De pronto sí, tenés muy claro quién es tu lector, pero no tenés idea de dónde encontrarlo. Y te desespera pensar que le estás hablando al vacío porque este “ente imaginario” -al cual no podés ponerle voz propia- se te escurre entre los dedos.

Creo que a esta altura, ya entendiste cuál es el tema de este post. Estás en lo cierto. Vamos a hablar sobre tu lector ideal. Sobre la definición específica de tu lector-cliente. Pero también voy a ir un poco más allá y te voy a cuestionar sobre tu convergencia y tu síntesis como bloguera. No te asustes. No duele.

 

Cómo elegir el lector para mi blog.

 

El marketing digital tiene un vocabulario florido… Me caigo y no me levanto cada vez que escucho la expresión “nicho de negocio”. Aunque rebela algo en el fondo de mis visceras, entiendo perfectamente lo que nombra:

 

El nicho de mercado no es otra cosa que la particular convergencia entre tu pasión, tus habildades y la definición específica de lector-cliente que necesitás para tu blog profesional.

 

Porque ser una apasionada de tu tema es tan esencial como que tu pasión esté en armonía con tus habilidades. Seamos honestas, a mí puede fascinarme la idea de ser cantante pero… te juro que preferís leerme que escucharme cantar. Porque me acompaña la pasión pero las habilidades vocales te las debo para otra oportunidad.

Quiero que lo pienses detenidamente: amar el tema del que vas a escribir es el punto de partida pero este fuego interior sin el combustible que lo mantengan encendido… difícil. Y sin nadie que quiera leerte, ni te cuento.

 

Si no podés definir lo que te apasiona, ni identificás con claridad tus habilidades y no tenés idea a quién vas a contarle esta historia ni por qué contársela…  Todavía te queda camino por recorrer.

 

Antes de proponerte ser “pro” tenés que poder darle nombre a tus deseos, alinearlos con tu capacidad de hacer y construir el relato para contarle esta historia a alguien más a quien conocés casi como a vos misma. Porque como le escuché decir a Galeano, no estamos hechos de átomos sino de historias. Y la historia reclama de igual forma a su narrador como a su auditorio.

 

¿Cómo defino a mi lector-cliente ideal?

 

Formas académicas de definir tu lector-cliente ideal hay muchas y todas ellas pueden serte sumamente útiles para especificar el retrato de tu lector-cliente.  Supongamos que estás en un día de ésos en los cuales necesitás mucha “técnica”. Entonces, te recomiendo que leas este artículo sobre el mapa de empatía, creado por Xplane.

Es un diagrama simple en el cuál mediante seis preguntas podés definir a la persona (el ser humano con nombre propio y sangre en las venas) que representa a tu lector-cliente.

 

Pero hoy me levanté emocional…

 

Ahora… si querés un ejercicio más emocional para orientarte ya mismo en la creación del retrato de tu lector-cliente, te propongo un pequeño juego: volvé a la sala de espera. Sí. A la misma sala de espera en la que estuviste hablando con una desconocida sobre quién sabe qué bueyes perdidos.

¿Cómo es la persona sentada a tu lado? La misma con la que hablaste sobre todos los fluidos de tu bebé… No es alguien a quien le responderías simplemente por educación. Es alguien con quien te resulta agradable entablar una conversación porque sentiste que estaban en la misma sintonía.

¿Qué tiene puesto?
¿Se cuida las manos?
¿Cómo es su cartera?
¿Está maquillada?.
¿Usa joyas o bijouterie?
¿Está escuchando música?
¿Qué perfume usa?
¿Consulta el celular constantemente?
¿Cómo es su tono de voz?
¿Y sus gestos?

Esta persona construida en tu imaginación es a quien tenés que dirigirte en tus textos. Y no sientas que estás haciendo algo mal si este personaje “se te parece”. Específicamente para las creativas, su lectora-cliente ideal se les parece: es su alter ego. Su otro yo.

 

Pero atención: similitud no es identidad.

 

Que se te parezca no significa que ambas compartan el mismo mapa. Pueden compartir el territorio pero cada “mapa” es único, porque está constituido por sus experiencias, emociones y la particular forma en la que percibe el mundo que le rodea.

Ese es el secreto: sabés que tu lectora-cliente comparte el “territorio” pero cada una tiene su propio “mapa” para interpretarlo.

Cada vez que redactes un post, una newsletter o una campaña publicitaria, podés volver a la imagen que definiste emocionalmente durante este post. Este avatar que construiste para visualizar a tu lectora-cliente.

Tu retrato tiene nombre, edad, profesión y pasiones que no siempre se anima a expresar públicamente. Tal como vos. Por eso, las blogueras que tienen definido este personaje ideal logran el mágico efecto de la empatía.

Creéme, lo que querés para tu blog no son millones de visitas -que si llegan está genial- lo que querés es que tu lectora-cliente conecte contigo y establezca un vínculo por el cual vos puedas ayudarla a resolver sus dudas, con productos o servicios.

No. No es una relación interesada. Borrá esa sombra de duda que es la que te impide pensar en un blog pro. ¿Cómo va a ser interesado ofrecerle a alguien un producto o servicio que mejora su vida? Si le ponés un precio es porque no naciste princesa y tu familia necesita que trabajes.

Lo maravilloso de un blog profesional desmesurado es que tu propósito y tu trabajo convergen en perfecta síntesis. Esas son las palabras que necesitás: convergencia y síntesis. Cuando tu qué, tu quién y tu por qué están en armonía, ¿tenés dudas que tu blog profesional funciona?

El mejor espacio de crecimiento profesional para tu blog es aquel en el que te sentís cómoda compartiendo, porque te asisten el deseo, la capacidad y podés entablar un diálogo franco con una lectora a la cual entendés profundamente. No cualquier lectora. No todas las lectoras. “Esa” lectora. ¿Ves? Convergencia y síntesis.

 

¿Dónde te encuentro corazón?

 

Estás convencida de que definir de forma ultra-específica a tu lectora-cliente es tu primer movimiento en la creación de un blog. Es más, luego de hacer el ejercicio podés percibirla con todos los sentidos. Pero… Siempre parece existir un gran “pero”. No tenés idea de dónde encontrarla.

Te realizo una primera observación: si está muy bien definida, no tenés duda de dónde encontrarla. Porque sabés lo que le gusta y lo que no. Lo que lee y lo que mira en la televisión. Cuáles son sus blogs preferidos y a cuáles no dedicaría ni medio minuto. Incluso sabés si lee o no lee blogs…

Tenés idea de dónde encontrarla. Simplemente estás partiendo del razonamiento equivocado. No tenés que salir a la caza, tenés que permitir que te encuentre.

 

 

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