¿Manejar un negocio online ya no tiene secretos para vos? Si pensabas, mi santa, que luego de tanto batallar con el marketing podías dormirte en los laureles y nunca más pensar en tu propuesta de valor, seguramente no querés leer este post. ¿Por qué? Porque no es tranquilizador. Porque no es uno de esos textos inspiradores que te alientan a tener un negocio online con estáticas imágenes del éxito.  Si existe una adjetivo impertinente para quienes tenemos un negocio online es “estático”.  Dejame corregir la formulación:

 

Si existe un adjetivo impertienente para quienes estamos vivos, es “estático”.

 

En el mundo online, la percepción de cambio y movilidad es más intensa porque todos los procesos se desmesuran entre pixeles.  Mi abuelo tuvo toda su vida un comercio. Heredé la memoria de sus “trucos”  (muchos de ellos verbales) en anécdotas que escuché de quienes lo conocieron, porque murió antes de que yo naciera.  Seguramente, estos “trucos” fueron los que usó sin variaciones durante treinta años, sin necesidad de “re-segnificar”  su negocio de ninguna forma.

No era necesario que hiciera tal cosa. Conocía de toda la vida a sus clientes porque siempre vivieron en las mismas casas. En las que también vivieron sus padres y sus abuelos. Seguramente conocían sus trucos y sabían que era lo que podían esperar encontrar en su negocio. Sin sorpresas.

Hoy, esta quietud roza el suicidio online.  Y tu propuesta de valor es una reflexión periódica. Si hace cinco años que no pensás en ella, llegó el momento de que la revises.

 

Escribir tu propuesta de valor.

 

¿Es la primera vez que escuchás “propuesta de valor”? En ese caso, dejame decirte que puede traducirse en una idea: tu propuesta de valor es lo que tenés para ofrecerle al mundo. Dicho así, se escucha sospechosamente simple. Hacés bien en ser cauta con la confianza ante tanta simplicidad. Porque detrás de la formulación de tu propuesta de valor deberían estar presentes:

  1. Tus valores.
  2. Tus deseos
  3. Tu visión de liderazgo personal.
  4. La expresión de tu talento mediada por el canal en el cual lo querés expresar.
  5. El sutil equilibrio entre tu arte y el mercado.

Todo lo anterior sin olvidar que el tamiz  que va a filtrar cada uno de los puntos anteriores es tu cliente.  Y no te hablo de toda la mandanga del cliente ideal porque seguramente te la sabés de memoria pero, ¿te cabe alguna duda de que tenés que tener el retrato de tu cliente más claro que el agua?

En este panorama es muy probable que tus valores apenas cambien con el tiempo o no cambien en absoluto pero los otros puntos se mueven que da miedo. Los deseos son volubles, los canales y las plataformas cambian, tu talento se define y refina y ni hablemos del mercado porque ambas lo conocemos.

 

La vigencia de tu propuesta de valor.

 

Cuando comencé con mi actual proyecto, mi mentalidad estaba “seteada”. Durante cinco años de servicios offline había aprendido que las propuestas de valor cambian y que, aproximadamente cada tres años, experimentás la necesidad de re-definirte porque una incomodidad en el cuerpo te dice que “algo” hay que cambiar.

Para mí, este proceso era natural. Tan natural como comprender que todo lo que puedas preveer teóricamente se transforma con la práctica. Nada como contrastar tu proyecto con la realidad para percibir que vos tenés tus ideas y la vida dispone como tiene ganas de disponer.

Lo que no podía anticipar era que en el mundo online este proceso se acelera. Porque aunque la desmesura es movimiento en bruto, hay que comprender que no estás corriendo los cien metros llanos sino una carrera con vallas. Es verdad que los obstáculos te sazonan la vida y te inspiran a crecer pero… ¡venga! ¿Es necesario que aparezcan cada cinco metros? Y ellos aparecen. Sí, aparecen.

 

¿Qué supone esta aceleración para tu propuesta de valor?

 

Aún en el mejor de los escenarios, suponiendo que sos prolija y antes de empezar a vender a lo loco te detuviste a escribir tu propuesta de valor -aún ese caso- es probable que al cabo de un año tengas que revisarla. Por lo menos revisarla.

¿Te parece que un año es demasiado pronto?

 

Obviamente, hay aspectos que van a permanecer vigentes durante el tiempo en que persistas. Pero otros se van moviendo contigo. O perecen contigo.  ¿Dramático? Sí. Dramático.  Es dramático porque cuando te situás desde la postura de “yo no cambio porque soy así”, “mi negocio es así  y no lo voy a cambiar ahora”, vas a terminar bajando la cortina tarde o temprano. ¿Por qué? Porque asumir el cambio aún cuando el cambio te incomoda es parte de la naturaleza de tener un negocio online.

¿Dónde se hace más evidente la necesidad de cambio?

 

Como  todo, dependerá de tu negocio específico pero me animo a afirmar que uno de los espacios en los que más se aprecia la necesidad de re-significación es en tus protocolos profesionales. O dicho de otra forma, el equilibrio entre tu talento/conocimiento  y las necesidades del mercado. Todo un tema ¿no?

Ahora ya lo sabés: no es que seas inconstante. La próxima vez que quienes te rodean te miren temiendo por tu equilibrio mental porque estás nuevamente en la vorágine de poner a punto tu marca  (los cambios suelen ser más complejos que empezar de nuevo) respirá profundo y pensá en este post.

Escribir y re-escribir tu propuesta de valor es parte de tu revisión anual de objetivos. Si descubrís que sigue funcionando, genial. No cambies ni una coma. Ahora si las ventas no llegan y estás a punto de tirar la toalla, no te aferres a la idea original solo porque ya invertiste mucho tiempo y dinero en ella. O porque tenés un apego emocional con ella.  Movete. Pedí ayuda.

Y por supuesto, abrí tu mente a recibir todo lo que “unas cuantas palabras” pueden hacer por tu negocio. Si antes de irte querés más referencias sobre tu propuesta de valor, te invito a leer:

 

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