Cuando el despertador  suena, tu único deseo es esconderlo debajo de la almohada. Quizás la alarma está activada, pero es domingo y no hay urgencia para salir de la cama. No. Es martes: tu mañana es lenta y requiere de dosis masivas de cafeína. Aún así tu cuerpo no despierta hasta horas más tarde. Es momento de romper este círculo de cansancio y desmotivación cambiando hacia una rutina matutina para aumentar tu rendimiento. Para comenzar el día estableciendo prioridades sin seguir otros parámetros que los de tu reloj biológico.

 

Si sos un ave nocturna y durante las mañanas te sentís cansada y sin motivación, te cuento por qué deberías cambiar la rutina matutina para aumentar tu rendimiento y obtener el mayor beneficio de tus habilidades estableciendo prioridades.

 

Rutina matutina para aumentar tu rendimiento.

 

Los primeros 90 minutos de tus mañanas son los que condicionan todo tu día. Podrías pensar que simplemente es una de las frases hechas de un gurú de la productividad. Y lo es. Pero también es una experiencia personal que quiero compartir contigo porque mi forma de encarar el día cambió sustancialmente cuando me hice dueña de las primeras horas de mi rutina diaria.

La rutina matutina para aumentar tu rendimiento no supone un sistema de estrictos ejercicios en los que se sincretiza toda la filosofía new age. Si fuera así, nunca habría contado con mi favor. Naturalmente tiendo a leer con escepticismo las fórmulas en las que se compendian todos los lugares comunes de la vida sana, entendida por el occidental emprendedor. Desde la yoga mat al jugo verde, me produce un infinito cansancio mental escuchar las decenas de actividades matutinas previas a enfrentar el mundo.

No cuestiono sus beneficios o su veracidad. Solo me agota mentalmente pensar en los primeros momentos de mi día como una carrera por cumplir con la imagen de una vida sana y en armonía. Una mañana pasando lista a las actividades que debería hacer antes de que el reloj marque las 8:00hs. Por supuesto que aspiro a una vida con salud y en equilibrio con mi cuerpo y mi entorno. Pero a mi ritmo. Y mis ritmos tienen una lentitud particular. Como si el vértigo en mi mente desmesurada se compensara con una necesidad de ir pausado y hacer menos con mi tiempo.

 

Mañanas más lentas, días desmesurados.

 

Sí, como leíste. Aspiro a hacer menos.  Lejos del esquema tradicional de la productividad, mi propósito es seleccionar con cuidado qué es lo que hago cada día. Una lista voluminosa de deberes me retrae. En este sentido, si una semana se vislumbra intensa, prefiero repartir tareas para seguir disponiendo de mis mañanas de la forma que elija hacerlo.

 

Mi propósito es hacer con toda mi atención esas pocas cosas que son necesarias e importantes.

 

En ocasiones mi reloj interno es exasperante para quienes me rodean. He recibido de regalo adjetivos muy coloridos al respecto. Por mi parte,  solo sé que necesito mi dosis de silencio diaria. Para mí, nada se siente mejor que volver a mi casa luego de dejar a Camilo en la escuela, sabiendo que ese tiempo, me pertenece.

Quien escuche mi voz en un webinar, pensará que esta propuesta se contrapone con mi forma de hablar, enérgica y ligera. Supongo que soy uno de esos casos en los cuales la quietud exterior llega para compensar la desmesura interna. Si sentís de la misma forma, si el silencio y la quietud son también necesidades en tu rutina, te invito a que reflexionemos juntas sobre la rutina matutina para aumentar tu rendimiento. Pero antes, dejame contarte una historia.

 

Levantarme a las 5 AM.

 

Durante años, me levanté a las cinco de la mañana para escribir. No es un secreto y tampoco era para mí un sacrificio. Significaba una elección personal: acostarme temprano para escribir en las que considero mis horas más lúcidas. A diferencia de lo que me sucede cuando escribo hasta la madrugada -visión doble, embotamiento, errores frecuentes- cuando me levanto muy temprano me siento animada y lista para comenzar.

Distinto sería si me propusieras salir a correr a esa hora. Lamento declinar la invitación. Si hay algo que no se me ocurre es salir a poner en riesgo el sistema cardiovascular a las cinco de la mañana. No tengo inconveniente alguno en madrugar, pero me resisto a salir de casa temprano.

Durante las primeras horas del día necesito el recogimiento de mi casa: abrir todas las ventanas y desayunar con calma, leyendo sin la agitación que me provoca pensar en el horario de salida. A lo largo de los años probé -sin grandes resultados- diferentes fórmulas para ir más allá de esta incomodidad matutina. La entendía antes como límite personal que como necesidad de respetar mi ritmo biológico. La solución llegó con la drástica decisión de trabajar en mi propio proyecto. Pero antes de que eso sucediera, fui madre.

 

La maternidad lo cambió todo.

 

Con la llegada de la maternidad todos estos caprichos cronológicos vivieron sus propias reformulaciones. Fui una primeriza afortunada. Con un bebé que durmió largas horas seguidas desde el tercer mes de vida. Sin embargo, el único momento en el cual coincidió mi jornada laboral de diez horas con un bebé viviendo la “angustia del octavo mes”, me transformé en un ser poco agradable. La privación del sueño no hace buenas migas con la amabilidad en mi caso.

Recuerdo aquellos días de mal humor y debo confesar: ¡qué difícil es hilvanar un discurso coherente cuando tu cerebro quiere permanecer en la fase del sueño lento! Y mi trabajo consiste en crear discursos. Si se puede, más o menos coherentes y didácticos. Fue entonces cuando comencé a fantasear con un emprendimiento propio.  Con la posibilidad de armar una rutina en torno a lo que es importante para mí.

De hecho, tan intensa fue la fantasía que se materializó en un proyecto de vida. Si estás leyendo este artículo es porque tener mi propio negocio me devolvió la posibilidad de manejar mi tiempo con flexibilidad.  Al menos con cierta flexibilidad. Porque negocio y maternidad crecieron juntos y no tuve la suficiente perspectiva como para imponer rutinas de sueño en mi hogar.

Mi error. ¿Una sugerencia para primerizas que intentan conciliar su tiempo personal con el cuidado de su bebé? ¡Establezcan rutinas de sueño estrictas!  ¿Para qué? Para reservar las últimas horas del día a esas tareas que te devuelven a la conciencia de tu adultez. Conversar con otro adulto, cenar sentada y con vajilla, mirar un webinar, leer artículos, planificar el día siguiente.

 

Sin estos momentos de re-encuentro con tus rutinas previas al nacimiento de tu hijo, los primeros meses de idilio maternal pueden no ser tan idílicos como lo habías imaginado.

 

Los niños crecen y las rutinas se modifican.

 

Cuando se convive con un niño que se duerme cerca de la medianoche es muy difícil recuperar el espacio para conectar con tu realidad. Mucho más difícil poner el despertador a las 5am. Demás está decir que el panorama es más complejo si son varios niños.

Sería una ironía ofrecer consejos sobre cómo manejar el tiempo para mujeres que cuidan a sus hijos en casa. Ya sea porque no tienen una red de contención familiar o porque decidieron no enviarlos a una guardería. Personalmente, solo podría decir que esos años pasaron. Apenas recuerdo cómo. Sí recuerdo muchas noches en vela, porque era el momento en el que Camilo dormía y yo escribía. Pero el tiempo es inapelable y, a tu pesar, los niños crecen. Comienzan la escuela y eso, ya es otro cantar.

 

Con la escuela llegan las anheladas horas de silencio y la posibilidad de disponer del reloj con otra perspectiva. Por supuesto que desde que soy madre organizo mejor mis horarios: ¡no tengo otra chance!

 

Con un hijo en la escuela, ciertas ideas volvieron a tener sentido. Entre ellas, dedicar las primeras horas de la mañana a pensar y escribir contenidos. Recobré mis horas lúcidas y me desprendí de un error que había cometido en el pasado: programar clases todas las mañanas. Hoy, reservo solo dos días a esta actividad y conservo la posibilidad de escribir en silencio el resto de los días.

 

Rutina matutina para aumentar tu rendimiento: Apuntes.

 

Descreo de la noción de productividad tal como es entendida actualmente: hacer más en menos tiempo. De hecho, escribí un artículo al respecto que te sugiero leer: .Las tres trampas de la productividad. Mi visión crítica, no significa que no cuestione cómo organizo mi tiempo personal. O que no me amoneste mentalmente cuando siento que lo estoy perdiendo.

Si hace unos años -en esa etapa que pasó en una bruma de la conciencia- me hubieras hablado de una rutina matutina para aumentar tu rendimiento, me habría reído a carcajadas.

 

Hay momentos en los cuales simplemente hacemos lo mejor que podemos con lo que tenemos.

 

Obviamente habría sido mejor idea tomar un rol activo en esta situación para tener una producción escrita más voluminosa y ordenada. También creo que está bien no tener ganas o no poder por un tiempo. La potencialidad de todo es un lastre. Ya llegará el momento en el que tengas deseos y con ellos el ánimo para poner orden y concierto en lo que sea que quieras organizar. Si estos deseos no llegan, estamos frente a una situación que requiere ir más allá de la lectura de un artículo. De eso, estoy segura.

 

Mi no tan secreta rutina matutina.

 

Una rutina matutina para aumentar tu rendimiento no debería ser un agobio. En la mía no hay jugo de apio ni alfombrita de yoga. Quizás lleguen en algún momento. Entre otras cosas porque los batidos tienen esa textura cremosa que tanto me gusta. Por el momento, encender la licuadora a las cinco de la mañana me parece un exceso de confianza en la civilidad de mis vecinos.

 

¿Qué es lo que hay en la rutina matutina para aumentar tu rendimiento según la versión desmesurada?  Te cuento: silencio, lectura, reflexión y escritura.

 

Acompaño estas actividades mentales superiores con un café con leche. Invierno y verano. Antes acompañaba el café con un vaso de Coca Cola. Desde que resolvimos nuestro divorcio amablemente, la bebida burbujeante ya no me acompaña en el desayuno. Esas cosas locas que todos tenemos.

Cuando leo rutinas matutinas, en general siento que hay un apretado cronograma de acciones que deben cumplirse. Ese tipo de agenda no es para mí. Será que me engendaron en los setenta o vaya a saber una por qué. Lo cierto es que los horarios diseñados milimétricamente me provocan una mal disimulada resistencia.

 

Mi mayor necesidad en la mañana, es  tener el “aire” suficiente entre horarios establecidos para moverme con libertad.

 

Los dos únicos horarios que acepto como establecidos en mis mañanas son: llevar a Camilo a la escuela y traerlo de regreso. Este último punto es muy importante. En general las instituciones toman como una mala señal que olvides reclamar a tu niño.

 

Computadoras y escobas.

 

En medio de esos dos hitos cronológicos, pienso, leo y escribo.  Durante el primer año de mi emprendimiento, no hice otra cosa que pensar, leer y escribir. Como te imaginarás, esta libertad tuvo consecuencias. El día que un pájaro -que llega de visita todos los días- entró en pugilato con una araña detrás de un mueble, entendí que no estaba limpiando los rincones. Me estresé un poco, pero en ese momento sentía que mis prioridades eran otras.

En la actualidad, puedo intercalar acciones como barrer y hacer la cama con el pienso de mis artículos. O escuchar un podcast mientras preparo algo simple para almorzar. Esta es una concesión del amor hacia mi hijo. ¿Con qué fin mentirte? Si por mí fuera, como lo primero que encuentre y no esté vencido.

No me alarma escribir que la rutina matutina para aumentar tu rendimiento puede conllevar algunas tareas domésticas. Al menos, mis alarmas feministas no se despiertan con este detalle. Por alguna razón, ninguna rutina matutina incluye una mujer barriendo. Tiene poco glamour y te aleja de esa imagen de éxito que se pretende construir como profesional. Como esas imágenes me tienen sin cuidado,  te lo cuento: yo, ordeno y barro.

 

90 minutos es todo lo que necesito.

 

Hay una rutina matutina para aumentar tu rendimiento que puede resultarte de gran ayuda. ¿Cuál es? La que mencioné al inicio de este artículo: dedicar los primeros 90 minutos del día a una prioridad del espíritu Entre las 5:30 hs y las 7:00 hs, pienso leo y escribo. Luego, llevo a Camilo a la escuela. Cuando regreso, retomo la actividad en la cual estaba por 90 minutos más.  Ya había planteado este hábito en: Hacer la diferencia como emprendedora en 90 minutos.

Es una regla que seguía naturalmente aún antes de conocer su fundamento. Posiblemente porque como docente, las clases más extensas son de 90 minutos, luego de los cuales hay un descanso para relajar la mente. Hoy, conozco el fundamento teórico y está vinculado a nuestros ciclos de energía vital. Si no fuera porque puedo sentirlo en el cuerpo, pensaría que es otro relato. En este caso, el relato de Robin Sharma.

Luego de un cambio de estrategia en mi negocio, mi mañana se acompaña de una serie de acciones en redes sociales que ya te contaré en otro artículo. Esta decisión está relacionada con el propósito de mantener un negocio boutique. ¿Te interesa saber más sobre el tema? Entonces te invito a leer: Cómo vender más: escalabilidad para desmesuradas.

Ahora, antes de despedirnos, contame en los comentarios cuál es la rutina matutina para aumentar tu rendimiento. ¿Es lenta y pausada como la mía o está llena de actividades?  Si querés, lo conversamos en mi grupo de aprendizaje: Escribe y Vende. Allí compartimos un diálogo diario sobre todos los aspectos de emprender utilizando la herramienta más poderosa que conozco: las palabras.

Autor

1 Comentario

  1. Paula.
    Durante unas semanas me levanté, sin faltar un solo día, a las 5 am para escribir. En invierno me resultó difícil de seguir diariamente por el frío. Ahora con el cambio de horario de verano irónicamente implementado una semana después de la entrada de la primavera, tengo un sueño terrible las mañanas.
    Lo único que me levanta es prácticar yoga antes de que se levante mi niño, ya que después me es imposible hacerlo.
    Me estoy convenciendo de volver a escribir a las 5 am. Lo disfruté mucho y tengo la claridad para hacerlo. Y como soy lechuza en eso de mi mejor momento de lucidez me convenzo que las 5 am sigue siendo de noche.
    Después de dejar a mi hijo en el colegio, el día se evapora entre cotizaciones, proyectos en marcha y quehaceres domésticos.

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