Aprender a liderar tu negocio online no significa que no van a surgir obstáculos. De hecho, ellos van a estar allí te sientas como te sientas respecto a tu vida. Más temprano o más tarde vas a enfrentarte con situaciones que ni te hacen feliz, ni facilitan tus objetivos. Es un hecho. Sin embargo… Aunque no podés ni evitarlos ni ignorarlos, si podés elegir cómo recibirlos y entenderlos. Por eso  en este post quiero compartir contigo un ejercicio bien simple para superar los obstáculos sin que te internen o te den prisión preventiva.

 

Superar los obstáculos o perecer en el intento.

 

1- Lo que no depende de mí…

 

Algo que siempre me ayuda cuando se presenta una situación que frena mis objetivos es reconocer qué es aquello que depende de mí, de lo que no puedo controlar aunque lo desee.

  • Solo puedo intervenir tangencialmente en la forma de actuar y sentir de otra persona.
  • No puedo intervenir en situaciones vitales dolorosas como pérdidas de seres queridos o enfermedades que me limitan.

Paradójicamente, este conocimiento me da poder.

Como los estoicos de la Grecia clásica, reconozco que la situación existe pero elijo si quiero reaccionar ante ella (negando o berrincheando) o si quiero aceptarla y actuar en consecuencia.  Incluso tenés derecho al pataleo: podés berrinchear un rato. Date permiso del berrinche porque sos un ser humano y no una iluminada.

Pero dejalo pasar. Dejá que pase la tormenta de emociones y luego, decidí qué vas a hacer con “eso” que te está molestando. Porque, creéme, no va a desaparecer por tu simple deseo de ignorarlo y además, te vas a sentir miserable, defraudada de la vida y con esa sensación de “siempre me pasa lo mismo”.

¿Es simple este cambio?

Para nada!

Pero como todo ejercicio, se consolida con la práctica. Me sigue molestando que la tecnología me supere la paciencia, me sigue generando acidez que las plataformas no me funcionen o no entender intuitivamente cómo funcionan pero…  me lo tomo con humor y nunca dejo que eso me detenga.

Si una no funciona, sigo buscando. Confío en que voy a encontrar una que funcione. Y tengo más confianza aún en que alguien me va a ayudar de la forma más inesperada a solucionar el problema.

 

2- Conciencia de la temporalidad del obstáculo.

 

Aún en el caso de estar viviendo tu “peor escenario posible”, la situación es temporal.  Los seres humanos somos seres en el tiempo y todo lo que nos pasa, está sujeto a él. La sabiduría popular dice que no hay mal que dure cien años y más allá de la desmesura de la afirmación, lo cierto es que tarde o temprano se diluye o genera hábito.

En la inmensa mayoría de los casos, vos podés hacer algo entre el período de shock y el establecimiento del hábito para cambiar lo que está sucediendo. Y si no, tenés la opción de elegir cómo sentirte al respecto vigilando de cerca el monólogo interior desatado.

Ojito: esto no significa resignarte.

Significa que vas a diferenciar lo que está en tus manos de lo que no. Vas a dejar correr lo que no podés cambiar y vas a actuar con decisión sobre lo que sí podés mejorar o transformar.

Quiero decirte una cosa más, en general los obstáculos no llegan “todos juntos” y aunque así fuera, la decisión más lúcida que podés tomar es trabajar en ellos de a uno.

 

4- Aprender y aceptar.

 

Si algo no dependiera de mí, puedo elegir aceptarlo y aprender a vivir el dolor físico o psicológico que me provoque.  ¿Qué sentido tiene rebelarte contra lo que no podés cambiar? ¿Vivir enojada mejora tu vida?

Siempre consideré muy poco atinada a la persona que reacciona frente a la depresión de un ser querido verbalmente. Son los que dicen: “no te deprimas, vestite y vamos a salir”.  Eso no es actuar, ni ayudar. Quien se siente triste, está de duelo o deprimido ni quiere salir, ni quiere defraudar… simplemente no puede hacer lo que se le está pidiendo.

Ni soy una ilusa ni una necia. Si te sentís deprimida, triste o estás viviendo un duelo decirte “me siento bien con mi depresión” es una insensatez.  Lo que sí podés es reconocer que estás deprimida y buscar ayuda para que este estado actual no condicione tu vida entera. De hecho, La Desmesurada tal como la conocés en este momento, es en gran parte fruto del duelo por la muerte de mi padre.

Durante un año, el blog fue mi válvula de escape. Mi usina creativa.  Cuando pensé que no iba a lograr entusiasmarme con nada… encontré una comunidad de pertenencia y retos que me permitieron transformar el dolor en creación de la forma que mejor me sale: escribiendo.

 

¿Qué puedo controlar?

 

Cuando entiendo que nada en sí mismo es “catastrófico” más allá de mi respuesta, entonces tengo la libertad de liderar mi vida. ¿Escuchaste decir que la vida es 10% de lo que nos pasa y 90% de cómo reaccionamos frente a lo que nos pasa?

Yo sí. Muchas veces. Realmente lo creo. Así como creo que somos lo que percibimos del mundo y que vivir con furia o con miedo no es la mejor forma de pasar el poco tiempo que tenés en este mundo.

 

¿Si me pasan cosas que me molestan? Claro que sí. Pero aprendí que cuando ya no soy capaz de cambiar la situación que me rodea, sigo siendo capaz de cambiarme a mí misma.  Y de analizar mi entorno.

Si sos de esas personas que se enfurece con el mundo,  quiero que conozcas una técnica sencilla que puede mejorar en mucho tu capacidad de entender el potencial de cambio que tenés en cada situación.

 

La técnica se llama NEMO (sí, como el pez de Pixar)

 

No soy un gurú del desarrollo personal pero esta técnica muy simple me ayuda a objetivar esos enojos repentinos que nos sacuden la serenidad. “Nemo” es un acrónimo de:

 

  • Nombre: “cuando… (nombre o definición de rol de la persona) hace…(descripción de la acción)”
  • Emoción: “me siento… (descripción de la emoción dominante)”
  • Motivo: “por eso, hago o digo (descripción breve de lo que hago o digo)
  • Objetivo: “me gustaría… (y este es el momento en el cual vas a escribir cómo preferirías que fuera la situación, asumiendo que no podés cambiar lo que la persona hace o dice, pero sí que podés aceptar y trabajar sobre tu emoción al respecto).

 

Si se trata de una persona cercana, tenés la feliz oportunidad de decírselo para que comprenda cómo te hacen sentir sus acciones. O sea, estás actuando sobre lo que sí podés actuar.  Espero que te ayude como a mí y que algún día me cuentes que respiraste profundo y pensaste: Nemo contigo.  Y tu día fue un poco menos triste que el del padre del pez de Pixar.

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