No invento nada si te digo que el miedo es un mecanismo de defensa.  Como tantos otros mecanismos de defensa es necesario para tu supervivencia.  Claro, si estás leyendo en este momento es porque tenés el propósito de trascender la supervivencia y descubriste que estás llamada a “súper-vivir”.  Para eso, vas a aliarte con tus miedos: para que tus labios nunca más pronuncien: tengo miedo de emprender un negocio.

 

¿Van a seguir estando allí siempre?

 

Seguro.  Si hay algo con lo que podés contar es con tener miedo siempre que te enfrentes a una situación nueva.  Ya ni te digo cuando estás intentando romper los límites de la dichosa “zona de confort”.  Ahí te suenan todas las alarmas, se te aflojan las rodillas y otras partes de la anatomía que para qué vamos a mencionar si vos lo tenés clarísimo.

Pero…

Podés aprender a diferenciar el miedo prudente del miedo que te anula. El miedo que te permite vivir “sana y salva” sin poner en riesgo tu integridad física saltando a un abismo del que te impide moverte para lograr tu propósito.  Vas a sentir miedo en todas las decisiones que tomes y signifiquen un cambio.  Transformar el “estado de las cosas” pone nervioso al más templado.

Entonces…

Si estás sintiendo miedo casi te diré que es un motivo de celebración porque significa que te estás moviendo, venciendo la inercia, cambiando los patrones de pensamiento que te motivaban –o desmotivaban- hasta el momento.  Sentir miedo es abandonar la visión normalizada de la vida tal como te la contaron y ponerla en tela de juicio.

¿Vos también compraste el relato completo de formación, familia y trabajo para toda la vida?

¿Cuánto hace que ese vestido te queda incómodo?

¿Hace cuánto que no tiene lógica alguna dedicar 40 horas a algo que no te gusta para tener un respiro ocasional que comprás al costo de tu tiempo?

Así que… brindá a la salud de tu miedo. Tener miedo, te hace humana y te da la oportunidad de imaginarte una mejor forma de vivir.

 

Tengo miedo de emprender un negocio.

 

Vamos a trabajar un “desbloqueo en cinco pasos” para emprendedoras desmesuradas. Quiero que pienses que el miedo te ronda pero no te detiene. Sabiendo que siempre está por allí, el enfoque se transforma: dejás de sentirte “miedosa” y es el momento de preguntarte qué podés hacer para aliarte con esa emoción que te ata a la costumbre.

 

El Cómo: desbloqueo en 5 pasos.

 

1- Demás está decirte que el primer paso es reconocer que tenés miedo.

Decirlo en voz alta. Acordate del poder que tiene darle nombre a lo que te está pasando. Por eso se te estruja el estómago, por eso te tiembla la voz y tus ideas parecen poco claras… No significa que estés divagando. No hay nada malo contigo. Solo tenés miedo.

Porque es claro que si estás sola en el medio de la Siberia y rodeada de osos no vas a tener problema en reconocer que sentís miedo. Pavor incluso. El tema radica en reconocerlo cuando todo lo que te rodea parece tan normal que sentís la necesidad de romperlo en pedazos para ver que hay más allá.

Te van a preguntar si te volviste loca, van a intentar sujetarte diciéndote que no estás pensando con claridad.  Entonces, quiero que recuerdes que no hay nada malo contigo: tenés miedo y cuando lo pronuncies en voz alta, la cosa va a empezar a mejorar.

En última instancia, te invito a jugar uno de los juegos preferidos de mi hijo:

¿Qué preferís?

¿Sentir miedo del cambio? O ¿Tener miedo de quedarte siempre como estás ahora?

Vos sos la que tiene esa respuesta. Y al que observa, le toca hacer silencio.

 

2- Con la emoción reconocida, es momento de ponerle nombre.

 

Lo sé.  Soy insistente con el poder de las palabras. ¿Esperabas otra cosa?  Quizás no te imagines cuánto cambia tu percepción cuando sos capaz de observarte y decir:

 

Estoy sintiendo miedo de cambiar porque hasta el momento viví un… (trabajo, relación, situación) estable y segura pero que ya no me hace feliz. Tengo miedo de cambiar y equivocarme.

 

Es todo. ¿Se vino el mundo abajo?  Probablemente no. Reconociste que tenías miedo de equivocarte y ese miedo está vinculado con la mirada del otro. Vos podés vivir con una equivocación pero te aterra pensar en los testigos que te recuerden cuánto y cómo podés equivocarte.

Cuando Sartre decía que “el infierno son los otros”, estaba hablando de esa mirada que te da entidad.  Si estuvieras sola en el universo no tendrías nada ni nadie a quien perder y tu forma de experimentar el miedo sería otra… Porque una cosa es tenerle miedo a los fenómenos de la naturaleza y otra muy distinta al pensamiento de otro ser humano.

¿Dónde se ha visto?

¿Por qué tenerle miedo a lo que piense otra persona que, en su fuero interno, tiene tanto temor como vos misma?

El 99% de las personas van a intentar sujetarte creyendo que te hacen un favor, cuando realmente, se hacen un favor a sí mismas.  No vaya a ser cosa que vos demuestres que se puede ir más allá de lo que se imaginaron o están dispuestas a ir. La historia universal está llena de ejemplos de miedosos bienintencionados. Tuvo que llegar un genovés perseverante para demostrar que el mundo no se acababa en la línea del horizonte.

Ahora te toca a vos, demostrar cuáles y qué tan flexibles son los horizontes de tu universo.

 

3- Cuando ya me pronuncié y le puse nombre. Voy a abrazarlo.

 

No intentes negarlo  ni ignorarlo.  Pasa algo. Te hace sentir incómoda pero está pasando y cómo todo, antes o después, esto también va a pasar. Abrazar tu miedo significa también entenderlo y entenderte. Ni sos cobarde, ni ridícula. Si es necesario vas a visualizarte con miedo y darte un abrazo gigante y en silencio.

 

4- Con la visualización de mi miedo en un abrazo, vuelvo al presente.

 

Vas a sentirte menos tensa. Menos cansada y confundida.  Ahora sabés que estás sintiendo miedo y estás en posición de pensar cómo solucionarlo. Porque, oiga, mi santa: todo este proceso tiene real sentido cuando es capaz de volver a presente y tiene el impulso de romper de una vez por todas con lo que la está sujetando en ese lugar en el que ni es feliz, ni puede hacer feliz a otras personas.

Y a eso es a lo que vamos…

 

5- Es el momento de hacer algo con el miedo que te habita:

 

La parálisis por análisis es un clásico de las mujeres que investigan y diseccionan al detalle su mundo interior pero no son capaces de mover un músculo que las saque de la inmovilidad.  Tenés que usar toda esa fuerza que se esconde detrás del miedo (la misma que te permite sobrevivir en condiciones extremas) para hacer algo.

Lo que sea.  Llorá. Pataleá.  Cuando te canses de que las emociones te controlen, me hacés este ejercicio. ¿Querés certezas?

Certezas de que tu plan funcione ni tenés ni vas a tener pero… seguro te lleva a cien millas de donde estás en este momento y lo peor que pudo pasar, es que te equivocaras de dirección y tengas que caminar de regreso.  Quizás se escuche como un drama para vos.  Sin embargo, ahora tenés toda la experiencia del camino recorrido y si permaneciste atenta a las lecciones que te da la vida de las formas más insólitas, entonces, difícilmente te equivoques nuevamente de rumbo.

¿Eso no es suficiente para que festejes?

 

Momento de cuestionarte.

 

Para desarticular miedos, el lenguaje también es una de tus herramientas más potentes. Hacerte preguntas sigue siendo la mejor forma de desenterrar el tesoro escondido.  Preguntate ¿qué es lo peor que me puede pasar?  Imaginar el peor escenario posible es siempre una forma de poner en ridículo todas tus previsiones temerosas.

 

Pensá en vos misma hace diez años y cuál era tu situación, cuáles eran tus miedos en aquel entonces. Probablemente alguno de ellos hoy, te suene ridículo o un poco tonto. Con perspectiva temporal las cosas asumen su justo lugar y es más probable que te arrepientas de no haber hecho algo que de haber actuado siguiendo un propósito.

 

Si lo pensás un poco nada más… ¿qué vas a pensar dentro de diez años de este miedo que sentís ahora?

 

Donde la respuesta sea mínimamente parecida a “por qué no me habré animado…”  Ya tenés tu respuesta.  Por último,  viene la pregunta del millón:

 

¿Y qué?

 

Y qué si sale mal o si me equivoco.  Si no logro lo que aspiro. Y qué…  Siempre existe la posibilidad de que construyas una vida mejor de la que te podrías imaginar.

 

 

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