La consistencia en la escritura es uno de los pilares de la comunicación persuasiva.  Lo sabemos, pero… ¡qué difícil ponerlo en práctica!  Porque, a fin de cuentas: ¿qué significa “ser consistente”? ¿Cómo se logra la consistencia en el estilo personal de escritura? Si alguna vez te hiciste alguna de las preguntas anteriores – o si al leerlas te cuestionaste sobre tu propia “consistencia”– este es el post para que reflexionemos desmesuradamente sobre el tema.

 

Ser consistente en tu estilo de escritura es uno de los pilares de la comunicación persuasiva. En este artículo te cuento cuáles son las dos etapas de la consistencia y cómo sacarles provecho.

 

Comunicación persuasiva: los pilares.

 

Este artículo es la continuación del siguiente texto que te invito a leer: Coherencia para persuadir.  ¿Por qué deberías leerlo? Porque va a ayudarte a encontrar sentido y orientación en las tres C de las persuasión:

  • Coherencia
  • Consistencia
  • Confianza

La persuasión es un proceso no un toque mágico del lenguaje. Aunque tu desvarío imaginario es seductor: sería genial que funcionara con el solo roce de las palabras. Mejor aún que con una pildorita. Porque, te recuerdo que a las personas también hay que persuadirlas de tomar pildoritas.

Si ya estás trabajando la coherencia es el momento de comenzar a pensar en la consistencia de tu comunicación persuasiva.  No es soplar y hacer botella.  Al menos para quienes tenemos un espíritu desmesurado y veleta que se mueve al compás de los vientos de la imaginación.  Porque sí, somos firmes en las convicciones y en los propósitos pero basta que cruce el aire una mariposa y se llevó nuestra imaginación con ella invitándonos a otros cientos de proyectos posibles.

¿Te reconocés?

Entonces para vos, tanto como para mí, la consistencia es un desafío. Porque implica no solo la certeza en el propósito sino una visión muy enfocada en la meta a la que nos proponemos llegar. Y todo este viaje, con el equipaje más liviano posible. O dicho de otra forma: siendo quien sos, porque las máscaras, pesan demasiado.

 

Comunicación persuasiva y consistencia desmesurada.

 

La primera de mis conclusiones es que el sentido de consistencia que defiendo es muy cercano al sentido de autenticidad. Tanto en la escritura como en la vida. Porque, si como te mencioné anteriormente, la consistencia es la persistencia en un propósito, no se me ocurre otra forma de persistir en una causa que comenzar la búsqueda del sentido propio (eso que por allí, llamamos Ikigai).

Veamos a continuación cuáles son las fases por las que deberías transitar para descubrir tu propio sentido de la consistencia al escribir para lograr una comunicación persuasiva con tu audiencia.

 

La etapa de exploración.

 

Comencemos aliviando tu ansiedad: contemplo la posibilidad de que los propósitos muden de forma.  En ocasiones, mudan de forma más seguido de lo que quisieras porque estás en plena etapa de exploración. No te ofendas ni te desanimes si en este momento en particular tus más allegados te consideran imprevisible e inconstante.

 

Quienes te observen, verán las manifestaciones exteriores de un cambio profundo que aún no encuentra la forma en la cual materializarse. Pero, lo más probable es que detrás de la nueva forma, se conserve la misma dirección.

 

Entonces, encontrar la dirección tras las formas mutables es tu desafío. Mi dirección tras las formas mutables se sintetiza en un acrónimo: CCS (¡Cuántas C! Estoy preguntándome si será casual que mi hijo se llame Camilo). CCS es “creer, crear, servir”. Y mi forma de servicio es la enseñanza. Simplificar y compartir el conocimiento.

Así que, aunque mi consistencia haya sido puesta en duda en algún momento -cuando decidí cambiar de profesión, y luego cuando luego de 15 años de carrera, decidí dejarlo todo para seguir un anhelo personal- el propósito permanece porque todo lo que elegí hacer en la vida, está relacionado a la creatividad y al servicio.

 

Mi campo semántico se nutre de las metáforas de proceso. No es raro que en mis textos encuentres imágenes de movimiento  y evolución: el camino, la ruta, la navegación, el cruce, etc.

 

¿Por qué? Porque el lenguaje que utilizo se nutre de las imágenes propias de la intención pedagógica. Estas imágenes expresan gráficamente la posición dinámica del aprendizaje. ¿Ya te preguntaste cuál es tu campo semántico? ¿Cuáles son las imágenes o las ideas que más se repiten en tu escritura?

Seguramente existe esta coherencia interna en tu búsqueda y solamente vos podés unir los puntos que están desconectados a simple vista. La consistencia en tu escritura -y en tu posición emprendedora- va a ser entonces una consecuencia del viaje en el que vayas conectando un punto con el otro. Por ese mismo motivo, nunca la vas a sentir como un esfuerzo.

 

Etapa de concreción.

 

Si no necesitaste de una etapa de exploración es porque nunca te cuestionaste el mundo que te rodea. O porque tenés una visión tan clara del sentido de tu vida que no fue necesario cuestionarlo. Lamentablemente, la segunda -que sería la deseable- suele confundirse con la primera con más frecuencia de lo que quisiéramos. Entonces, confundimos el propósito con la pereza zombie de aceptar “lo que nos toca”.

La incomodidad surge cuando nos mantenemos más tiempo del que sería deseable en el estadio de pereza zombie.  Es entonces cuando empezás a sentir que algo no funciona como debería.  Te propongo el más simple de los test. Un test de una sola pregunta: ¿Te hormiguean las piernas y tu cabeza está continuamente desenfocada? Si la respuesta es afirmativa, es  momento de explorar tu incomodidad.

¿Por qué negarlo? No suele ser una etapa feliz. Pero sí es cierto que cuando descubriste la coherencia interna de tu propósito (el origen de la consistencia) podés manifestarlo en diferentes formas sin que te cause conflicto. ¿Qué quiero decir con este? ¡Qué vale la pena atravesar el trago amargo!

Luego, será la práctica la que te ponga a prueba.  Tus primeros textos de este proceso suelen ser dubitativos, débiles, con menos foco del que deberían tener. ¿Esto es una mala señal? ¡Para nada! Solamente significa que hay ajustar mientras vamos escribiendo. Porque la comunicación persuasiva no se produce sin que vayas contrastando los textos escritos con la audiencia real a la que te interesa convocar.

 

¿Por qué pasar por tanta incomodidad?

 

Porque es necesario encontrar el mejor vestido para presentar tu propósito en sociedad. Así de simple. No se trata de otra mudanza sino de cómo lograr que los demás seres humanos vean tan claro como vos que lo que estás ofreciendo tiene el potencial de cambiar su vida. O hacerla más simple y bonita.

Estamos de acuerdo que en este momento, la fe que tengas en lo que ofrecés como manifestación de tu propósito es elemental. Cuando creés en lo que estás ofreciéndole a otra persona cambia el brillo de tu mirada, tus gestos y  tu tono de voz. Elementos que no se aprecian en la escritura pero sí en las reuniones con clientes.

Puede que sean cambios sutiles pero quien te escucha lo percibe más allá de la conciencia: donde interpretamos la información que no es verbal y que pone en juego todo nuestro conocimiento sobre el mundo y los seres humanos. ¿Tenés que hacer algo para lograr esto? Creer. Nada más. Por supuesto que existen formas de “emular” la convicción para una comunicación persuasiva:

 

  1. Podés fingir un tono de voz entusiasmado que persuada a quien te escucha de tu certeza.
  2. O sumar ademanes de manos a tu discurso -sin exagerar- porque consolidan la confianza.
  3. Podés investigar todo el vocabulario de la persuasión y usar palabras que despierten la necesidad de comprar.

 

La pregunta es, ¿por cuánto tiempo? ¿Cuánto tiempo serías capaz de sostener esta situación frente a otro ser humano sin agrietarte? Repito por si no fui lo suficientemente enfática:

 

El sentido de consistencia está íntimamente ligado al sentido de autenticidad.

 

Es un alivio ir por la vida siendo quien uno es. Aunque eso incluya todas tus contradicciones y las características de tu personalidad que no son funcionales en el mundo laboral. La comunicación persuasiva es aquella en la que las palabras, por más estudiadas que sean, son naturales a tu conciencia y forma de entender el mundo. Por eso, suenan bien en tu boca.

 

El estado de gracia de la comunicación persuasiva.

 

Pasar por el proceso de ejercitarte para descubrir qué es lo que querés en este momento y transformar tu negocio en una expresión de ese anhelo es persuasivo. Punto. No hay que darle muchas más vueltas al tema de la comunicación persuasiva.  Luego veremos cómo amplificar tu mensaje, que eso, ya es otro tema.

Por hoy, tenés un ejercicio pendiente: seguir de cerca cada uno de tus textos en el blog, el mail o las redes sociales para encontrar esas palabras que se repiten con insistencia. También las imágenes que estás utilizando cuando querés explicar o ilustrar algo abstracto.

Cuando las tengas, vas a escribirlas y voilá: tenemos campo semántico. ¿Querés seguir aprendiendo sobre el tema? Entonces te invito a leer: Cómo expresar tu marca personal en la escritura. Y a sumarte a mi comunidad de aprendizaje: Escribe y Vende. Por allí vas a tener muchas oportunidades de ejercitar la consistencia, aprendiendo las palabras que emocionan, persuaden y venden. ¿Nos vemos dentro?

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