¿Se puede ser diferente entre tanto emprendimiento emergente?  Si te cuestiona todos los días darle respuesta a esta interrogante, quiero contarte algo desmesurado: no se me ocurre cómo no podrías ser “diferente”. Emprendedora digital tu diferencia es tu identidad.

Si te percibís demasiado semejante a otras marcas, entonces tenemos un problema de fondo, no de forma.  Me explico: no es que hayas elegido un tema demasiado transitado o un mercado saturado que no te ofrece la posibilidad de innovar. Es que todavía no descubriste que la diferencia la hace tu historia.

Hasta donde tengo conocimiento, aunque encuentres alguien que comparte tus pasiones e incluso una biografía muy similar, no puede ser vos.  Sos esa confluencia de relatos que te habitan. Quizás muchos de ellos se parecen a los de otra emprendedora digital. Quizás. Pero en tu vida se entretejieron con un patrón único.

Si todavía no te permitiste encontrar tu matiz diferencial, poco éxito pueden tener las estrategias que  diseñes para llegar a la audiencia esquiva.  Cada uno de los pasos dados en tu plan maestro para emprender no tiene dirección real hasta que son tus pies los que hacen el camino. Tu emprendimiento es un relato como tantos otros en tu vida y necesita una protagonista. Vos verás quién juega en los papeles secundarios. Sin embargo…

 

En tu negocio solo se admite un papel protagónico. Emprendedora digital: ¿quién querés que lo interprete?

 

Todos los días hacés malabarismo entre ciento de roles. Pero, si querés hacer realidad tu rol de emprendedora digital, vas a necesitar 90 minutos al día.

 

Emprendedora digital: ¿Quién es la protagonista?

 

Mi querida emprendedora digital, tu vida se parece a un perpetuo dejá vú. En ocasiones tenés la impresión de que esto “ya lo viviste”. Aún así, volvés a tropezar. Y cuando mirás el camino, te das cuenta que es la misma piedra. Entonces te asalta la rebeldía:

 

¿Cómo puedo ser tan necia?. ¡Qué estúpida soy!

 

Seguramente se te ocurren adjetivos incluso menos amables, porque frente a la impotencia tu primera reacción es la auto-crítica. Feroz. Para extremista, la emprendedora digital tiene un don. Cuando nos sentimos poderosas, hacemos todo con grandeza y cuando nos sentimos poco valiosas, acudimos a un rosario de adjetivos con los cuales nos empezamos cuando amanece y da la medianoche y siguen allí, dando vueltas en tu cabeza.

 

¿Nunca te regalaste con cientos de adjetivos calificativos (descalificativos, diría yo) de esos que duelen?

 

Ni te cuento si se te ocurrió pronunciarlos en voz alta. Quienes nos rodean tienen el molesto hábito de percibir lo que decimos despectivamente de nosotras mismas como verdadero. Por lo tanto, si vas por la vida regalándote insultos, tarde o temprano los vas a recibir como un eco de tu entorno.

Si algo es importante en este artículo es la siguiente idea: silenciemos momentáneamente a tu impostora. Callemos esa voz que te impide ser protagonista, porque es la que te mantiene paralizada donde estás y no te deja ir más allá de donde alcanzan tus brazos. Tu mirada es capaz de ver más allá de esa área claustrofóbica en la que te encierran las palabras que niegan tu potencial.

 

Emprendedora digital tu diferencia es tu identidad.

 

La palabra para la próxima etapa de tu proyecto como emprendedora digital es “protagonista”. Pensalo de esta forma. Tenés la feliz posibilidad de transformar tus días en lo que quieras transformarlos. No te rebeles. Dejame explicarte un poco más. No soy una ilusa. Probablemente tengas una trabajo de tiempo completo, una familia que viene con lo suyo, compromisos, responsabilidades y cientos de tareas de mantenimiento al día.

Las “tareas de mantenimiento” son todas aquellas que no colaboran con tu plenitud como ser humano, pero son necesarias para sobrevivir. Entre otras cosas por que los hijos -y los no-maridos- tienen la molesta costumbre de comer, ensuciar ropa y desordenar los ambientes que cruzan como si fueran fuerzas de la naturaleza (y se dan el lujo de ponerle nombre de mujer a los huracanes…)

¿Las podés evitar?

Hasta que dispongas de un séquito de ayudantes (¡ya llegará!), las tareas de mantenimiento son inevitables. Por lo tanto,  pensemos en lo que sí podés hacer: re-organizar tu rutina para liberar 90 minutos al día para ser y sentirte la protagonista del relato que estás viviendo.  Nada genera más sensación de estar alienada de la vida que dedicar 24hs a las tareas de mantenimiento sin detenerte ni medio segundo a reflexionar sobre vos misma.

 

Ser emprendedora digital, ser única.

 

¿Te cuento otra cosita? La emprendedora digital suele tener un temita con la omnipotencia. No porque haya decidido emprender, sino porque es mujer. Queremos arreglar el mundo y pocas veces pensamos en lo que tenemos que arreglar en nosotras mismas.

Sobrevaloramos lo que podemos conseguir en 12 meses pero tendemos a infravalorar lo que se puede lograr si dedicamos una cantidad mínima de minutos al día a pensar sobre nuestro plan. Pensando en la propuesta de liberar 90 minutos, seguramente pasaste por tres etapas:

  1. Negación: “No tengo de dónde sacarlos”.
  2. Resistencia: “Otro post más para las Chicas Superpoderosas. Sorry, no soy Bellota”.
  3. Resignación: “Es imposible que sostenga eso por mucho tiempo. Mejor ni lo intento”.

 

Ahora,  pensemos la cantidad de horas anuales que significan 90 minutos diarios. De pronto siento que estás alzando una ceja pensativa. No es necesario que realices la operación mental. Ya te lo cuento: son casi 548 horas. Específicamente, más de tres semanas dedicadas a crearte a vos misma.

 

No te engañes: no vas a tener 22 días para vos solita, salvo que:

 

  • Te retires al Tíbet rodeada de monjes con voto de silencio (todo demasiado naranja para mi gusto).
  • Seas Julia Robert en esa película que pasan por cable los domingos para aumentar los índices de depresión maternal. Porque por más que hagas cuentas no podés dedicarle tres meses a comer, mucho menos a rezar y de amar hablamos otro día.
  • Te declaren en cuarentena con una peligrosa enfermedad contagiosa y termines encerrada en un área restringida con acceso a internet (qué triste cuando esta posibilidad me resulta tan seductora…)

 

Valorando los escenarios anteriores, supongo que 90 minutos por día no parecen tan difíciles de conseguir. Te levantás antes, te acostás más tarde.  Nadie dice que el resto de tu vida te vas a tener que despertar antes de que salga el sol. Es solo por un tiempo. Cuando tengas un rato más, podés darte el lujo de dedicarle un rato más a tu desarrollo personal. Cuando tengas un rato menos, le dedicás un rato menos.

No te preguntes: “¿Por qué mi emprendimiento no termina de arrancar?” hasta que no hayas dedicado 90 minutos al día durante los próximos seis meses a poner los cimientos. Los secretos de la emprendedora digital son:

 

  • Ser lo suficientemente flexible para desaprender hábitos.
  • Tener la predisposición de aprender y aprender a aprender.
  • Comprender que planificar es necesario y tan necesario como planificar es saber adaptarse a las circunstancias.

 

¿A qué vas a dedicar tus primeros 90 minutos?

 

Antes de despedirnos contame en los comentarios a qué vas a dedicar tus primeros 90 minutos de emprendedora digital. ¿A seguir leyendo desmesuradas sobre emprender a pulmón? ¿A mirar esta clase sobre cómo transformar tus fortalezas en tu diferencia? Desde ya te digo, no sirve de nada luchar contra ellas y mucho menos negarlas.

Quizás, podés dedicar tus primeros 90 minutos de emprendedora digital a una consultoría desmesurada o a leer  Mentalidad wabisabi, el libro que escribí, luego de los primeros 12 meses emprendiendo. En ambos casos, estás dando el primer paso.

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