Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. Pero era difícil contar cómo nació mi “Ciruela” sin explicar qué pasó antes y durante su gestación. Este post es para contarte cómo siguió la historia  de esta emprendedora desmesurada y por qué se me cuelan los signos de interrogación cuando escribo sobre el proceso.

¿Te perdiste la primera parte? No te preocupes, te facilito el enlace para leerla. Sin duda, conocer el prólogo te ayuda a entender el viaje: Ser emprededora.

Agosto parece ser un mes de memoria reflexiva y aunque en este momento, la muy caprichosa me confunde fechas y tal vez altere el orden cronológico de los sucesos, las emociones del 2010 persisten con claridad. Ahora que lo pienso, ese año es para mí una serie de sensaciones más que un relato conexo y coherente. De no ser por el vago malestar de la disconformidad, otra sería la historia. Sin más, habiendo terminado el Prólogo, el nudo narrativo es más o menos el que sigue.

 

Yo, Emprendedora.

 

Recuerdo los martes por la mañana, cuando tenía una hora entera para mí. Yo e internet. Recuerdo leer Casa Chaucha y tantos otros blogs que fui descubriendo entre búsqueda y búsqueda.  Entre mañanas de martes y sábados por la madrugada. Recuerdo la sensación de culpa por no dedicar ese tiempo a planificar temas de trabajo que siempre quedaban pendientes para un momento que nunca llegó.

Entonces, curioseando tanta creatividad ajena y generosamente compartida, recordé que en algún momento antes de ser “una intelectual” (supongo que el apelativo se justifica porque durante casi diez años trabajé exclusivamente con el intelecto) disfrutaba de hacer, de materializar.

Con un bebé de meses, una casa en obra y un trabajo full-time, no tenía demasiados momentos libres y despejados para la creación. O no supe hacérmelos. Sin embargo, un martes como cualquier otro decidí escribir lo que me estaba pasando: decidí tener un blog personal. Si ya tenía un blog para mis cursos, por qué no uno para registrar todas esas ideas e imágenes que me permitían evadir la rutina laboral por un rato.

 

Eso de escribir un blog.

 

Por algunos días mi blog fue una colección de fotografías sin texto. Y un espacio sin nombre. Pero de a poco me fui entusiasmando con la idea. Y a pesar del temor al ridículo, tomó forma mi “diario de una mamá full-time”.

Lo llamé “Ciruela” porque hay un ciruelo omnipresente en los recuerdos más felices de mi infancia. Como telón de fondo de todas nuestras celebraciones familiares. Un ciruelo que hoy se secó y estamos demorando la decisión de talar definitivamente porque nos negamos a perderlo. No es un nombre “sonoro y significativo” pero me gusta.

En ese blog fui registrando el primer año de vida de mi hijo y cuando se acercaba octubre, todo el proceso de preparación de su cumpleaños. Quizás para muchas sea un tema frívolo. Para mí significaba la celebración de una maternidad que se había hecho desear. Re-encontrarme con mi costado creativo y olvidarme por un ratito de un trabajo en el cual, desde hacía meses, la única satisfacción era económica.

En honor a la verdad, la fiesta de Camilo no fue como soñé o como la había diseñado mentalmente. Me faltó tiempo para hacer yo misma tantísimos proyectos de decoración. En ocasiones quienes contacté para hacer realidad ese mundo de imágenes que me poblaba la imaginación, me atendieron como si me estuvieran haciendo un favor o no cumplieron con lo que me prometieron…

Y esa falta duele doble en un momento de tanta emoción.

 

¿Qué pasó entonces?

 

Sin embargo, a los invitados les pareció increíble. Y recibí tantos halagos y tantos “quiero que organices el cumpleaños de…” que durante semanas demoré más de lo habitual en dormir, pensando. Soñando.

Acompañar a otras mujeres en la celebración de los momentos felices de sus vidas es más que un proyecto laboral. Y así, sin ninguna experiencia y sin la más mínima estrategia de negocio fui emprendedora: nació “Ciruela Eventos” . La primera persona a la que le confesé en que se me iban las noches en vela fue a mi amiga Claudia.

Hablar con Clau es como sentarme frente al espejo. Antes de pronunciar la primera palabra ya conocía la respuesta: “vos sabés que te apoyo en lo que sea” .

Con una total  ingenuidad pero acompañada de una de mis mejores amigas y un entusiasmo que hacía mucho tiempo no sentía, elaboré un plan estético. Un plan que no tenía detrás ningún sustento. Creo que como la mayoría de las emprendedoras creativas. Típico de Paula. Desasida de la realidad como pocas… pero fue así que me volví a ilusionar.

Lo curioso es que algunas personas se ilusionaron conmigo. O se contagiaron, porque el entusiasmo contagia. En mayo del 2011 hicimos nuestra primera fiesta. Sin duda perdimos plata pero ésa, es otra historia. Aprendimos de los aciertos y seguimos aprendiendo de los errores. No sé si soy una emprendedora, creo que en honor a Lennon, “I’m a dreamer, but I’m not the only one”.

Desde mayo del 2011, apenas pasaron dos años pero parecen mil. Y si alguien se pregunta que hemos hecho hasta ahora,  podés leer la tercera parte: Emprender DIY

 

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