Más allá de los siete pasos organizados para mover los engranajes de la costumbre, estaba mi zona de aprendizaje. Este post es un «continuará», así que antes de seguir leyendo (si te interesa el orden y el concierto de las historias) te sugiero leer el post anterior. De lo contrario sos bienvenida a seguir. En adelante, vas a encontrarte con lo que hay más allá de la comodidad de un sillón.

Creo que esta es la parte de la historia que más te interesa: conocer el proceso. Puedo entenderlo. En general el relato sobre «emprender» presenta la versión final -y desde el éxito- de una historia que es mucho más que un camino progresivo hacia el logro de tus objetivos.  Cuando el logro se hace visible y ostentable, quedó detrás un camino que nada tiene de lineal. Nada. Cuando el logro se hace visible, conociste todos los matices emocionales de vivir en la zona de aprendizaje.

zona de aprendizaje

La zona de aprendizaje.

Sí… como te imaginabas: la zona de aprendizaje es un territorio desconocido y como todos los territorios por explorar, al principio, te queda incómodo. Somos adictas a la seguridad de los territorios conocidos. Nos puede la fuerza de la certidumbre porque los patrones repetitivos son consoladores:

  • Saber lo que viene.
  • Cómo te va a hacer sentir.
  • La certeza de tus reacciones a eso.
  • Conocer las consecuencias.

En definitiva, «ya sabés». La sensación de certidumbre nos puede el espíritu porque nuestro cerebro se aferra a las cerezas. Y eso está muy bien para vos si no sentís en el cuerpo la necesidad de ir más allá.  Porque en ocasiones, estás bien donde estás: tranquila y confortable. En ese caso, la zona de confort te queda como anillo al dedo y no veo por qué querrías salir de allí solo porque el discurso imperante es el de quebrar los límites de tu zona gris.

Veamos mi reina: no todo lo que dicen o escriben sobre romper los esquemas es lo que vos necesitás.

No sé si te acordás del rollo filosófico que te enseñaban en la secundaria pero somos seres únicos y eso hace que la única que sabe lo que tiene tu propia medida, sos vos. Si aún no lo sabés, entonces entrenate para estar atenta a tus necesidades, no a las del medio.

Aprendé a escucharte sin todo el ruido del mundo online que vende una historia de personas felices que transgreden su zona de confort y crean negocios en internet automatizados y escalables que generan ingresos mientras duermen.

¿Eh?

¿Salir de la zona de confort para automatizar?

¿No es lo mismo? En definitiva, sometida a ese discurso de la escalabilidad del negocio online seguirías en la misma rosca: no es un propósito -mucho menos una misión- sino una cadena de hechos para ganar el dinero que te permita tener más tiempo libre.  Quizás menos alienante que un trabajo en el cual otra persona pauta el ritmo de tus días… sin embargo, dejame contarte algo: dentro de tres años vas a estar igual de quemada. ¿Sabés por qué?

Porque lo que hace la diferencia es tener un propósito. El propósito te lleva por zonas de incertidumbre y aprendizaje. El propósito que te sostiene en la zona de aprendizaje y este tránsito es todo lo que te imagines, menos un sistema automatizado. De hecho, cuando estés en propósito no vas a sentir la necesidad de automatizar todo tu trabajo porque lo estás viviendo con la intensidad y la naturalidad de una misión.

A todo esto: ¿y qué si vos te sentís cómoda en tu trabajo y con tu vida? El relato de la «zona de confort» no te interpela. Y todos tan contentos. El tema es cuando sí te interpela. Cuando sentís que hay un mundo más allá de las 8 horas que dedicás a financiarte la vida y te lo estás perdiendo. Esa sensación de pérdida -de duelo constante- es la que no deberíamos permitirnos. No deberías permitirte sentir que te estás perdiendo la vida mientras tu tiempo se escurre en algo que no te hace feliz. La vida es demasiado corta para eso.

Ojo: esto lo escribe alguien para quien esa expresión es más que un lugar común. Le tengo el cuerpo salvado a la parca varias veces… Varias veces. Es más, creo que demoré demasiado para aceptar este último cambio. ¿Sabés por qué? Porque en este último impulso de cambio ya era madre y me venció por cuatro años la necesidad de seguridad. Tuve que sentirme muy enferma para priorizar. Tuve que sentirme contra las cuerdas para atreverme a la zona de aprendizaje,

¡Triste que únicamente reaccionemos solo a las situaciones límite! Solo entonces, decidí confiar en mi potencial de hacer realidad lo que imaginaba. Más aún, confiar en que mientras construyera mi idea a mi hijo no iba a faltarle nada. Aunque no fuera fácil e independientemente de los resultados: confiar.

Te mentiría si dijera que fue simple y que viví todos los días de este camino con certeza y comodidad, pero algo puedo asegurarte: a Camilo no le faltó nada. No le falta y tampoco le va a faltar. Claro, tuve que hacer elecciones. Elecciones de vida para mí y para él. Sentí culpa, miedo, ansiedad y todo lo que te imagines que se puede sentir cuando tomás decisiones que involucran un hijo.

Los valles y los cerros.

Tampoco fue un camino llano sino uno de esos recorridos donde vez a lo lejos un cerro y no sabés qué es lo que viene detrás. Das pasos en falso. Trastabillás pero seguís. Porque tenés que seguir y porque tenés pocas certezas pero algo es cierto: si te sentás a esperar, te devora la costumbre y terminás por abandonar.

La zona de aprendizaje es eso: un camino en el que vas viviendo valles y cerros. Momentos en los que el camino parece llano y despejado y momentos en los que ves, 300 metros de tierra sobre tu cabeza y no tenés idea lo que viene más allá. ¿Podés vivir con eso? ¡Claro que sí!

Podemos vivir con eso. De lo contrario no existiría «evolución» -otro día discutimos lo controvertido de esta idea. Yo puedo. Vos podés. Los días se fueron sucediendo con la consciencia de ser la responsable de diseñarlos para construir lo que en mi imaginación ya tenía forma. ¿Dudas persistentes? Algunas. Pocas para ser honesta. Porque siento una certeza difícil de explicar respecto al proyecto que estoy creando. Porque es más que un proyecto laboral es una forma de ser y estar en el mundo.

Tres sugerencias para vivir desmesuradamente tu zona de aprendizaje.

Quizás me hayas escuchado pronunciarme respecto a tu necesidad de creer en el proyecto. Si aún te cuesta, no creas en vos misma. Pero creé en tu mensaje. En aquello que tenés para comunicar. Mi primera sugerencia es:

– Creé en el mensaje, independientemente del mensajero.

Cuando el mensaje se consolide, vas a sentirte fuerte para creer en vos como portavoz del mensaje y ahí, comienza lo bueno.  ¿Otra más? No soy la reina de la originalidad pero… también sabrás que no creo en la sobrevalorada idea de ser «original». Por lo tanto, no dediques todos tus esfuerzos a transitar caminos que nunca antes fueron recorridos. Da tus primeros pasos sobre esos terrenos que ya se pisaron antes. Por supuesto, dejando tu propia huella. Con estilo personal y sin pretender que después de vos, no crece el césped.

No me cansaré nunca de repetir que cualquier proyecto tiene el alcance y los límites de la persona que lo lleva a cabo. Trabajar en tu desarrollo personal es la clave de todo crecimiento y no existe plan de negocio o diseño que pueda con eso. Si te interesa escuchar mi experiencia al respecto, ésta es la conversación que vos y yo nos debemos:

– Trabajá por la idea, no por el resultado.

En el único momento en el cual trabajé por el resultado, me equivoqué. Lo recuerdo claramente: ansiosa por cumplir con la deuda que adquirí para educarme, tomé una decisión desde la más pura necesidad antes que desde el propósito. ¿Resultado?  Me sentí fatal. No actué de acuerdo a mi intuición. Obtuve resultados materiales muy magros y seguramente no fue desde mi mejor versión.

Entiendo lo que estás pensando. Nadie dijo que era sencillo desprenderse del discurso interno que te carcome las neuronas como una peste. El relato que te suena entre oreja y oreja puede ser tan beneficioso o perjudicial como vos se lo permitas. Para eso, para que aprendas a dar cauce a este relato, escribí Storytelling transformacional.

«Storytelling transformacional» es un ebook en el que relato mi experiencia en búsqueda del propósito y el camino recorrido. No te confundas: no es un texto meramente reflexivo, también es un manual práctico y un libro de trabajo con ejercicios de escritura transformadora. Sumergirte en la experiencia del relato puede ser la inversión más significativa para tu proyecto. Porque aquello que no logramos escribir sobre el papel, se nos escribe en el cuerpo.

Te dejo a continuación el enlace para que, si estás dispuesta, inicies el camino de la escritura transformacional, consolidando tu tránsito por la zona de aprendizaje: Storytelling transformacional. Finalmente, quiero compartir contigo una sugerencia más:

– Aprendé a valorar el proceso.

Una cosa es que no pretendas ser original Paula y otra muy distinta que te pases de repetitiva. Es una sugerencia que roza lo obvio. Sin embargo, una cosa es saberlo intelectualmente y otra muy distinta es hacerlo carne. Todos las visiones trágicas que pude imaginar, no se cumplieron. Me despierto entusiasmada de los planes que tengo para cada día y si bien tuve que honrar la deuda que contraje (ese es tema de más de un post, puedo asegurártelo), nunca tuve que pedirle nada más a nadie para seguir viviendo la vida que quiero vivir.

Hoy vivo en el proceso como si fuera un estilo de vida y además, confío en que todo será mejor con el tiempo porque lo que ofrezco es auténtico. Si deja de serlo, dejo de ser yo.

Ahora vendría el plan práctico. Para eso, te dejo el siguiente video. Pero por favor, no te vayas sin dejarme tu comentario, me hace feliz.

Nos vemos en los comentarios.

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