Tenés millones de ideas. Todas atractivas, todas te gustan y te ilumina el día pensar en el momento de transformarlas en el emprendimiento soñado que te rescate de la grisura corporativa. Mi santa, creo que vos y yo tenemos que hablar un rato antes de que te canses y termines por colgar los guantes. Tenemos que hablar de las tres mentiras sobre la mentalidad emprendedora.

 

Solo necesitás una idea que funcione.

 

Empecemos por el principio que, según dicen, es por donde se debe comenzar. No necesitás millones de ideas. Necesitás una que funcione. Nada más.

Si me preguntan cuál es el primer desafío de un alma creativa cuando se propone crear un negocio propio, respondo sin dudar: diferenciar los espejismos de las potenciales ideas a desarrollar. Y más aún, comprender que no todos los “potenciales” son buenos emprendimientos porque:

  • ¿Te gusta la idea? Es solo el principio.
  • ¿No hay nadie haciendo algo parecido? Pensátelo mucho, por algo será.
  • ¿Hay muchos emprendimientos del mismo tipo? Puede ser, ninguno gestionado por vos.

Solo cuando logres diferenciar la paja del trigo vas a poder decir que tenés una idea para emprender. Que no es lo mismo que una “idea de negocio” pero de eso, conversaremos en otro momento.

Con la idea diste el primer paso.

 

¿Cuáles son los pasos que siguen? Antes de que hiperventiles como el día en el que mi test de embarazo dio positivo, quiero que te hagas amiga de la respiración profunda y veas cómo corre a tu lado la ansiedad. Dejala pasar. Que corra ella. Vos ya tenés suficiente con tu idea como para escuchar las necedades de la prima loca de tu impostora.

Sabés que están por allí, la impostora, la ansiosa, la mandona, la víctima… todas ellas están allí. Porque una emprendedora es una mujer habitada.

 

La mujer habitada.

 

Veamos, que esto no significa que tenés la personalidad en desorden. Significa que sos humana y como todo ser humano sobre la tierra sos un relato con dos piernas.

Lo sé, tu grasa abdominal es demasiado real para ser “relato” pero más allá de los kilos de glamour aferrados a tu cintura, todo lo demás es puro relato. ¿Te acordás de las dos toneladas de hielo?

 

Todas las voces.

 

Somos todos los discursos que nos cruzan y creéme, no todos tienen la misma voz. La impostora es un clásico: esa voz odiosa que te dice que no lo intentes, que calladita sos más linda, que te salió bien de casualidad… que te vayas a freír churros impostora de mi alma, porque ahora, estoy ocupada emprendiendo.

Pero también está la otra voz, la apasionada. Esa voz que te dice que no necesitás hacer un plan de negocio porque lo tuyo es una idea creativa, muy lejana al concepto de “negocio”. A vos, lo que te apasiona es  la creación y sus millones de puentes secretos. Si tenés suerte, luego de este pensamiento intenso tendría que aparecer tu costado práctico, recordándote que recorras todos los puentes que quieras recorrer pero hasta que no hagas un peso con tu arte es un hobby.

Y sí. La  señorita práctica es antipática que da miedo. Pero es una voz necesaria -si nunca la escuchaste buscala en otra mujer habitada- de lo contrario, te vas a pasar la vida  llenando tu cabeza de ideas que no prosperan en el mundo físico. La señorita práctica es la que te invita a salir de la caverna (con todo respeto, Platón, vos me entendés: esto lo hago para por el bien mayor) recordándote que si amás tu arte y querés transformarlo en tu forma de vivir, te toca hacer algo más que rebelarte a la idea de tener un negocio.

 

Porque sí, se puede tener un negocio artístico y llevar con arte un negocio.

 

En este momento, la hipona que te habita está sufriendo una embolia en la vena del amor propio. También dejala correr..Se le va a pasar. Que yo sepa nadie muere de “ego”.

El juego de roles puede ser eterno. Podríamos seguir encontrando y bautizando a todas tus habitantes pero creo que ya entendiste el punto. Y si se te ocurre preguntarme a qué viene tanto espacio dedicado a tus inquilinas corporales, te diría algo bien simple: hasta que no logres armonizar todos los discursos que te cruzan, ni emprendimiento, ni negocio, ni vida. Porque no se puede vivir tan tironeada.

¿Por dónde empiezo a ordenar mi relato Paula?

Por donde se empiezan a ordenar todas las cosas: por el piso de arriba.

 

Cuidado con el piso de arriba.

 

Ponele que no es la metáfora más original que se me ocurrió pero no me vas a negar que funciona.

Los cimientos son importantes: cuidá tu cuerpo, tomá agua y hacé deporte (todas esas cosas que yo en este momento no practico pero estamos en vías de…)

Ahora, con los cimientos en orden, te pido por favor que me amuebles el piso de arriba. Elegí los muebles que más te gusten, los que te hacen sentir más a gusto y feliz de estar allí, pero elegí los muebles.

Tampoco te pases. Porque si llenás el espacio de muebles no vas a poder caminar entre ellos. Así tengas mil metros de superficie para amueblar… elegí con cuidado qué muebles le ponés. Aunque nada es definitivo, esto de andar mudando, llevando y trayendo tiene sus molestias.

Dedicale un tiempo a tu formación y a hacer el plan necesario para que el piso de arriba te quede cómodo para seguir creciendo en la dirección que sea para vos.

Como comprenderás, mi postura es simple pero desmesurada: lo más importante para empezar cualquier proyecto personal y más si tiene pretensiones de emprendimiento o negocio online es que comprendas que antes del plan de negocio, el logo, la web y los mil chirimbolos, está la mentalidad para emprender.

Y la mentalidad, mi santa, es cuestión de relato. ¿O creíste que iba a escribir otra cosa?

 

3 mentiras sobre la mentalidad emprendedora

 

Este apartado es para las mentes ordenadas que sufren con el desvarío desmesurado. Porque sí. Hay mentes ordenadas que leen este blog y otras que hasta deciden ser mis alumnas. Eso, se llama “coraje” mi amiga. El resto, es puro decir.

Por eso, en honor a las personas que cuando leen tres mentiras sobre la mentalidad emprendedora esperan encontrarlas… en este momento quiero contarte cuáles me parecen que son las falacias que encuentro más peligrosas para quienes comienzan a pensar en su propio negocio.

Empezamos.

 

1-  Querer es poder.

 

La más discutible de las falacias de motivación para emprendedores.  No todo el que quiere puede o lo “puede” de la misma forma.  Aprender a reconocer tus espacios de limitación es tan importante como comprender tus fortalezas.

 

¿Qué quiero decir con esto?

 

Dejame ponerte un ejemplo. Este ser humano que escribe es visionario y tremendamente determinado cuando tiene un propósito.  Hasta aquí, uno diría que tengo lo que se necesita para iniciar mi propio proyecto creativo. Pero (siempre hay un “pero”…) aunque soy muy buena creando “estructuras y planes” cuando se trata de sostenerlos en el tiempo me provoca tal desgaste de energía mental permanecer dentro de la estructura que necesito romperla. O escaparme.

Pero no todas las estructuras se tienen que romper. Y si te pasas escapando… a los seis meses de diseñar tu proyecto, te ahoga, te aburre y comenzás a fantasear con el siguiente (cualquier similitud con los novios, es pura coincidencia).  O sea, te transformaste en la eterna iniciadora de proyectos que nunca logra concretar uno en el mundo real.

 

Entonces… ¿eso significa que no puedo tener un negocio online?

 

A la vista está que sí, puedo.  Hice el esfuerzo mental por un tiempo limitado y siempre consciente de que necesito redes de colaboración. Apenas tuve la oportunidad y luego de comprender cómo funciona y poner en práctica “la estructura”,  delego lo que me consume y no se me da con naturalidad.

No siempre querer es poder, especialmente cuando no aprendo a diferenciar lo que son mis talentos de lo que son mis deseos.

 

2- Seguir el plan.

 

Ni  me caso con mi voladura extrema ni me comprometo con los planes que ahogan. A ver, un buen plan es lo suficientemente flexible como para permitirte ser creativa.

Si hiciste tu plan de negocio y te quedó precioso enmarcalo. Es hermoso para que lo mires y recuerdes qué fue lo que te propusiste. Especialmente si definiste de dónde ibas a obtener tu sustento, obvio. Pero si tu mentalidad no te permite espacio para la improvisación y la incertidumbre.

 

¿Estás segura que querés emprender?

 

Porque tener un trabajo de ocho horas no tiene nada despreciable si lo vivís con serenidad y disfrutás tu tarea. Ahora, pretender emprender si sabés que te volvería loca entender que el plan que trazase no funcionó y hay que improvisar una solución para salvar el momento… lo veo complicado.

La vas a pasar mal.

Lo mismo respecto a la certidumbre de tus ganancias, horas libres, fines de semana y  horas de sueño. Hacete todos los calendarios que quieras, yo amo los calendarios pero tus planes son una cosa y la vida es otra. Es verdad, la enfrentás mejor cuando tenés una hoja de ruta. Especialmente si tiene esa forma “hoja de ruta” y no verdad revelada.

 

3- El crecimiento vertical.

 

Si sos de las que hace porras por tu crecimiento castigándote con todo video motivacional que encuentres en internet, quiero comentarte una cosita. El crecimiento de un emprendedor nunca es vertical. No sos una gráfica ascendente, sos un rizoma.  El rizoma crece en forma de raíz, allá donde encuentra el alimento que lo nutre, asociándose y coexistiendo con otras raíces y permitiéndose crecer en el mismo espacio sin anularse.

 

El crecimiento emprendedor es rizomático.

 

Primero, te expandís para los costados (peligrosa metáfora de cómo te quedan los glúteos) encontrando redes de colaboración y de allí al infinito y más allá -si es tu objetivo final.

Cuidado con las redes de colaboración porque algunas impulsan y otras sujetan. Te toca aprender a distinguir dónde está tu posibilidad de nutrirte para crecer y dónde no estás encontrando espacio para que tus raíces se acomoden. No toda forma de crecimiento es vertical, así que no te llenes de audios motivacionales  de los que que funcionan al grito de “yo puedo”, “yo soy”, “yo crezco hacia el cielo” porque estarías repitiendo tres falacias.

En sí , me parece genial que te motives pero cuando la motivación se contrapone con la realidad que ni es tan linda ni tiene la voz de pastor evangélico de tus videos motivacionales… ¿qué pasa?  Eso que estás pensando: aparecen todas tus inquilinas. Y terminás sintiéndote incapaz, ansiosa y frustrada. No sos vos nena.  Tener un negocio no es fácil y la vas a embarrar mil veces. Analizá, recuperá y seguí adelante.

 

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5 Comentarios

  1. Como siempre, es un verdadero placer leerte Paula.
    En este post en particular, agradezco tu forma de ponernos los pies sobre la tierra.

    Y aunque he crecido repitiéndome que “si lo quiero, lo puedo”, entiendo y acepto lo que aquí nos acabas de explicar.

    Me pones a pensar y a cuestionar el uso que le he dado a estas frases repetitivas en mi vida, y me gusta lo que veo.

    He caído en cuenta que lo que he estado haciendo es entrenar mi mente para que se mantenga flexible, activa y siempre lista para improvisar. Sabiendo que sin trabajo duro no llegaré ni a la esquina de mi casa.

    Lo que más me gustó leer fue:

    “El crecimiento emprendedor es rizomático. Primero, te expandís para los costados (peligrosa metáfora de cómo te quedan los glúteos, pero esto vamos a ignorarlo selectivamente) encontrando redes de colaboración y de allí al infinito y más allá si es tu objetivo final”

    Así lo creo, lo siento y lo vivo, y que tú lo digas le aumenta el valor.

    Gracias Paula, me encanta leerte.

  2. Hola Paula, te cuento que desde que eché a la impostora, las demás inquilinas de mi piso de arriba viven mucho mejor. A veces es necesario deshacerse de lo que no sirve para poder avanzar.

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