• ¿Profesional independiente? ¿Artesana? ¿Emprendedora digital?  ¡Qué más da cual sea la etiqueta!  Espero que este artículo llegue a tus manos antes de que las ampollas ardan.  Hablemos de cuál fue mi primer reto como emprendedora.  También de cómo es posible persistir aún cuando las ampollas arden. Y sobreponerse. Y seguir adelante con una que otra lección aprendida.

Por supuesto que no escribo este artículo porque sienta que tengo la verdad revelada, sino porque el camino recorrido tiene la virtud de ofrecerte experiencia y perspectiva. Eso es lo que me propongo compartir contigo: una lección muy simple que aprendí, ahora que puedo observar el pasado desde un lugar que no provoca ni ansiedad ni angustia.

¿Suena bien? Entonces,  te invito a preparar tu infusión preferida.  La desmesura va bien con variados sabores. Sentite como en casa. Tenemos para un rato de conversación desmesurada.

¿De qué vamos a hablar en este post? Sobre uno de esos desafíos mentales que sabotea tus esfuerzos aún antes de dar el primer paso. Lo he visto tantas veces -primero en mí y luego en mis alumnas- que hoy, me tomo el atrevimiento de generalizar sobre éste, mi primer reto como emprendedora.

Espero que esta información sea el primer paso en el camino que te conduce hacia el destino más alentador.

En este artículo te cuento cuál fue mi primer reto como emprendedora y cómo logré superarlo para seguir adelante.

Mi primer reto como emprendedora.

La presente lectura tiene un requisito previo. No te preocupes. Es simple: te pido paciencia. ¿Por qué? Porque la respuesta necesita cierta elaboración y suele ser de las antipáticas. Si te estás preguntando a qué me refiero con antipática, te lo traduzco: antes de llegar al terreno de las soluciones hay que pasar sí o sí por la reflexión.

¡Lo que me faltaba! -pensará más de una- veo los pesos con cuentagotas y, además, tengo que sentarme a pensar. Estamos hechas.

Entiendo tu frustración. Y cuando digo que te entiendo, lo digo seriamente: sea cual sea tu trabajo soñado. Trabajé para el estado, para una institución privada, tuve un negocio físico, vendí artesanía, infoproductos y mentorías online. Mi espíritu es desmesurado, me lleva la vida el deseo de experimentar y tengo cuarenta tacos.

Cuatro décadas de vida dan para mucho cuando ciertas partes de tu anatomía tienden al movimiento –culo inquieto le dicen por allí.

A mí la quietud no me va. Necesito cambio, desafíos y no me asusta volver a empezar una o mil veces. Así que tengo varias ampollas cicatrizadas. Algunas muy recientes. También la memoria fresca de cómo se vive el proceso de crecimiento (y el declive) de más de un negocio propio.

Esa forma del conocimiento que es la experiencia del error, me permite reconocer hoy, dónde están las trampas que nos impiden avanzar. Aún en esos momentos en los que creemos que estamos haciendo todo lo humanamente posible.

Porque tengo constancia de lo siguiente: cuando alguien me dice que lo hizo todo, podemos sentarnos a conversar y hacer una lista de, por lo menos, cuatro o cinco cosas que aún no hizo. O no se animó a hacer. Ya sea por miedo al cambio, a la exposición pública o a encontrar una de las respuestas más duras e indeseadas: no valía la pena.

¿Y si no vale la pena?

Todo lo hecho, no valía la pena. Este enunciado podría considerarse el agujero negro del propósito personal y merece que nos detengamos en él. Como verás, no pienso hablarte de financiamiento, ni de sistemas operativos. Mi primer reto como emprendedora fue de mentalidad.

Al escribir que los principales obstáculos para tu crecimiento son de mentalidad, vas a tener la impresión de que estoy repitiendo un sonsonete aprendido de memoria. ¿Te acordás que te pedí paciencia? Bueno, éste es el momento para ejercitarla. Respirá profundo y seguí leyendo.

Soy resistente a las fórmulas con tufito a gurú. Cuando sostengo que para emprender es necesaria mucha introspección, lo hago porque cometí todos los errores que se pueden cometer por dejarme llevar sin detenerme a pensar en lo que estaba sintiendo y en las consecuencias de mis acciones.  También por ignorancia e inexperiencia, seamos honestas. Errores de los que cuestan lágrimas y de los que se miden en dólares. De los que se llevan ambos -lágrimas y dólares- te debo un libro en el futuro, porque escribirlo sí que valdría la pena.

De hecho, tropecé más de dos veces con la misma piedra -sí, yo necesito varios golpes para darme por enterada- absolutamente incapaz de entender una limitación mental al primer mamporro.

En este caso, el problema no fue la ceguera trágica. Frente a mi primer reto como emprendedora tenía plena conciencia del miedo y la parálisis que sentía. Era una limitación a cara descubierta y tenía nombre propio (temor a iniciar algo que no valga la pena), sin embargo, me negaba a dejarla ir.

¿Quién se niega a renunciar a una limitación? No me estás viendo pero, en este momento, estoy levantando la mano. Por supuesto que esta resistencia va acompañada de un discurso de excusas digno de un premio literario. ¿Te hierve la sangre pensando cómo te aferraste a aquello que impide tu crecimiento? Entonces, seguramente escucharás una voz interior que grita : ¿Cuándo cambia esto?

Te cuento dos escenarios posibles como respuesta:

  • Después de veintiocho años de terapia, dos divorcios, tres negocios en quiebra y algún coqueteo con la cárcel.
  • Cuando te cansás de tu propia estupidez y te enfrentás al cambio sola o con ayuda.

Cuando, cansada de tu propia necedad, finalmente desarticulás la programación errónea, las soluciones parecen llegar de forma mágica.

¡Nada de magia! Es un cambio de mentalidad.

Cansada de mi propia estupidez.

El temor a comenzar algo sin certeza de éxito es una de las grandes limitaciones de mentalidad. No solo fue mi primer reto como emprendedora sino que es uno de mis retos vitales. En definitiva, ¿qué experiencia en la vida llega con garantía de éxito? Estás en lo cierto: ninguna. Entender esto es de por sí, una gran lección.

Sin embargo, una y otra vez buscamos confirmaciones que certifiquen -y si participa un escribano, mejor- que todo va a salir bien y vale la pena. Esta necesidad desmesurada de certificados de vida hace estragos en tu autoestima. Y en tu cuerpo. Por supuesto, como todo miedo, tiene sede en un terreno imaginario inexistente y proyectado hacia el futuro.

¡Hay que ver lo creativas que podemos ser para jugar a la profecía auto-cumplida! Porque cuando tenemos miedo de que algo no valga la pena, pueden suceder dos cosas: o demoramos una eternidad en dar el primer paso o le damos rienda suelta a la máquina de generar piedras para tropezar en el camino. Y sin duda, vas a tropezar. Confirmando que no valía la pena. Es un círculo vicioso.

¡Nada de levantarte y seguir adelante! ¿Para qué si podés quedarte en el suelo quejándote hasta el fin de los tiempos?

El miedo a comprobar que tu sueño no vale la pena late detrás de todas tus decisiones como emprendedora. Y ambas sabemos lo que sucede con las decisiones tomadas desde el miedo. ¿No?

El secreto detrás de mi primer reto como emprendedora.

Este es el momento de las respuestas. Me puedo imaginar que estás esperando con ansiedad que responda cómo resolví mi primer reto como emprendedora. Sin embargo, la respuesta es tan simple de escribir que puede parecerte banal. La única forma de salir de ese estado de duda-temor es:

  • Reconociendo que no existe experiencia alguna que llegue a tu vida con certificado de éxito.
  • Preguntándote: ¿cuál es el problema si no vale la pena?

Viviendo y aprendiendo. O si te gusta más: vivir para contarlo y contarlo para procesar la experiencia. En el peor de los escenarios, si lo que comenzaste realmente no vale la pena, ganaste experiencia. Quizás es una experiencia amarga, pero tiene el paradójico don de endulzar el futuro.

Si te supera la impaciencia por seguir conversando sobre este tema, siempre es posible que te unas a la comunidad desmesurada para que iniciemos un diálogo de esos que divierten y nos invitan a pensar. ¿Te interesa? Entonces, te dejo el enlace a mi grupo en Facebook: Escribe y Vende.

Te veo dentro.

Autor

Escribir un Comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.