Mientras proliferan las opciones de organización y productividad -favorecidas por la fecha, el clima navideño y la mar en coche-  yo me levanté con ánimo de escribir sobre el tema. ¿Por qué? Porque me toca de cerca  la cuestión de  la organización y me pega en el hígado la palabra «productividad».

Si alguna vez te descubriste preguntándote:

¿Cómo hace ésta que siempre tiene algo nuevo para decir?

¿Cómo cuernos escribo en el blog, en las redes, hago mis productos y compro los regalos de navidad en la misma semana?

¿En qué momento escriben cursos si a mí apenas me da la vida para ser el medio de transporte de mis hijos? (no me digas nada, hay momentos en los que te preguntan tu profesión y pensás: «chofer»)

Entonces mi santa, este post está pensado para vos. No porque te vaya a solucionar el tema de la organización y la productividad (soñaste en colores ¿o alguna vez leíste un post que te lo solucione?) sino porque te va a hacer sentir mejor con la persona que sos, porque desde la persona que sos es que tenemos que partir para hacer real cualquiera de tus proyectos personales.

 

organización y productividad: ¿Me las repampimfla?

 

Te respondo rápido: no. No me las repampimfla. De hecho tener criterios básicos de organización es absolutamente necesario para sobrevivir en sociedad.  Simplemente me surge una reflexión desmesurada. Si lograste sobrevivir hasta el momento sin poner en riesgo tu vida o la de tu familia, entonces :

  • Tenés algún «sistema» de organización. Será «sui generis» pero alguno hay. Lo sé por que no te llevaron presa, aún.
  • Sos lo suficientemente astuta como para delegar estas cosillas que te inflaman los ovarios en otra persona que organiza por naturaleza. Ojo: diferencia hecha entre «ser astuta» e ir por la vida de víctima.

Si no es así, entonces estás leyendo este post por obra y gracia del Espíritu Santo porque vaya -una- a-saber cómo llegaste a esta altura de la vida sin tener un sistema interno -al menos uno- de coherencia y organización. El tema se complica cuando entran en juego las expectativas que tenemos respecto a cómo es una vida organizada.

Me siguen impresionando las personas que tienen pares de medias impecablemente emparejados en un cajón de armario y ordenados por colores y épocas del año.  O miles de latas de conserva con la etiqueta mirando al frente en la despensa. Hay algo siniestro en ese orden…  Sin embargo: me admiran.

 

Ahora… tengo algo clarísimo: yo no puedo.

 

Podré comprar hoy mismo medias al por mayor para mi familia que dentro de tres meses, ellas tomaron el curso que toman los objetos inanimados que se divorcian: uno no sabe dónde está el otro.

Por años, me rebelé frente a esta situación. Seriamente. Me hacía sentir «insuficiente» no lograr ese aspecto de vida ordenada y prolija de las personas que te hablan de «ropa blanca» con el desparpajo con el cual hablan de la mejor marca para esto o lo otro. Como si existiera un agujero negro  en mi vida que me imposibilita para pensar en cómo mantener blancos los blancos .  O idear estrategias para que las medias no se divorcien.

 

Ojo: no me niego a que alguien lo haga por mí.  Aunque tampoco estoy plenamente segura de querer que otra persona esté por allí tocando y cambiando de lugar todas mis cosas.

 

Así que este fin de año, después de años de pelearme con la desmesura y de una de esas crisis en las que una se dice a sí misma: «mi casa es un desastre»  llega el momento de asumir que mis medias van a seguir los trámites de divorcio pero, no le voy a permitir lo mismo a mis metas y objetivos para el 2017.

 

¿Cómo diseñar metas desmesuradas?

 

Luego de un año de negocio online tengo principios como para armar un cuadro desmesurado. El primero de ellos: cuando tus metas personales no están alineadas con  tu propósito y tus objetivos de negocio… Complicado seguir adelante. Algo hay que replantear. Si me permitís una sugerencia, por las dudas, te recuerdo que el objetivo personal, familiar o de pareja tiene jerarquía sobre los objetivos de negocio.

¿Por qué?

Porque te conozco mascarita: si le sos infliel a tus objetivos personales, si sentís que no podés «conciliar» tu vida personal con la rutina de un negocio online, vas a seguir el siguiente camino:

  • Me siento culpable porque «no hago nada bien».
  • Sufro en silencio porque amo a mi familia  y «realmente» quiero un negocio online. O sea: quiero ambas cosas y ambas son importantes para mí.
  • No hago otra cosa que sentirme culpable durante meses. Cuando encuentro alguien que me escuche compasivamente (esto quiere decir «alguien que me pase la mano por el lomo»): me quejo.
  • O peor aún, no me quejo. Porque tengo temor de que otras personas piensen que soy una desagradecida de la vida, una madre desamorada y me canso de los consejos que comienzan con un  «tu marido se va a ir con otra que le preste atención» (Por Dios!)
  • Finalmente: me quedo quietita acá donde estoy, pero sintiéndote muy desmotivada e incapaz de hacer nada que sea «productivo».

 

Frente a este panorama, se me ocurre hacerte una pregunta de esas que se responde con un monosílabo: Si elegiste tu rol de madre ¿lo que hacés por tus hijos no es «productivo»?

De hecho, creo que criar niños felices es un gran aporte a la sociedad. Lo digo honestamente

 

Entonces  ¿por qué seguís sintiéndote desmotivada e insuficiente?

 

Hay millones de mujeres que se sienten felices y completas criando a sus  hijos. Podrías ser una de ellas sin enroscarte con ínfulas de «mamá emprendedora».

 

Acá viene la cuestión: ser madre es una experiencia maravillosa pero… ¿sintetiza el epitafio que querés en tu despedida final? «Aquí yace una madre».

 

O la despedida de tus hijos:  «Ella fue… mi madre».

Qué  te puedo decir… Yo quisiera que Camilo diga: «Mi madre fue una mujer que hizo lo mejor que pudo con el talento que tenía».

Esta licencia reflexiva es para que te tomas tu tiempo para pensar en las contradicciones que te habitan. Creemos que tenemos que aplicar los sistemas que «realmente funcionan» que ayudan a «ser productiva y tener un negocio escalable» y además hacerlo mientras cocinamos cupackes de zanahoria y harina integral para la merienda colectiva en la escuela.

Pues no. Dejame decirte que «no». De hecho, cuanto antes resuelvas el conflicto interno, antes vas a dejar de sentirte insuficiente y poco productiva.  Porque el tema no es cuánto puedas producir sino cómo te sentís con eso. Resuelto este tironeo interno, ya no sos mentalmente una «madre emprendedora»  y comenzás a comprenderte como una mujer que tiene hijos y un negocio . Una mujer que como todas las mamíferas de este mundo, tiene que tomar decisiones y elegir qué es lo que quiere diariamente.

 

De eso se trata establecer metas desmesuradas.

 

Conciliar es uno de los inventos limitantes del siglo XXI. Especialmente cuando pienso desde la experiencia de quien tiene un negocio online. Lo que sí podés hacer es tomar decisiones cotidianas que te ayuden a mantener la armonía. Pero creéme, antes de hacer lo que tengas ganas de hacer, vas a tener que hacer lo que es necesario hacer.

Trabalenguas.

 

Vendría siendo así: los primeros doce meses de tu negocio online son un desafío constante y si los llevás con un hijo bebé es como tener mellizos. No te extrañes si en algún momento, alguno toma doble mamadera y el otro… se queda con hambre.

 

¿Cómo se soluciona esto Paula? ¡Ya me gustaría saberlo!Porque lo patento y le cambio la vida a millones de mujeres. Como la madre de mellizos visualizar y hacer listas viene siendo elemental mi querido Watson.

 

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