Persuadir o no persuadir. ¿Lo hiciste “todo” y tus ventas no mejoran?  Antes de que tires la toalla por puro cansancio,  dedicale 5 minutos a este post. Sin refunfuñar.  Mejor que nadie entiendo lo frustrante que puede ser lo que estás viviendo. Y que llega un momento en el que preferirías taparte la cabeza con la almohada y dormir aunque arda el universo. Sin embargo, vale la pena que hagas un último esfuerzo.

¿Qué estás murmurando? ¿Tus esfuerzos parecen no dar frutos? Veamos:

  • Mejoraste la estética de tu marca en cada canal de comunicación.
  • Pensaste detenidamente tu plan de comunicación.
  • Hiciste tu plan de negocio, tu matriz DAFO  y todo eso que se dice que es necesario.
  • Tenés una visión coherente y global de lo que ofrecés: es simple de comunicar y se entiende.
  • Tus productos y servicios son de calidad.
  • Publicás semanalmente en tu blog.
  • Mantenés actualizadas tus redes sociales (2 o 3 publicaciones al día).
  • Probaste con podcast, videos, webinar y la mar en coche.
  • Hacés con regularidad campañas de  publicidad en medios sociales: de “reconocimiento” y de “promoción”.

Sin embargo, tu negocio es un cliché existencialista: te persigue “la nada”.  Ocasionalmente, la náusea.  Pará. Respirá un momento. Te toca barajar y dar de nuevo.

 

Publicás religiosamente post en tu blog y las redes sociales, seguís todas las sugerencias de marketing habidas y por haber pero... seguís sin persuadir ni vender. ¿Por qué?

 

Persuadir con la palabra.

 

No voy a ponerme en la posición de afirmar que todos los negocios online funcionan. No puedo saber si el tuyo va a funcionar sin conocerlo. Y aún así,  aún sabiendo que es posible que funcione, eso no significa que funcione con tu estilo de vida o en tu contexto específico. Nada simpática. Lo siento.

Cada vez que escucho a alguien decir que lo hace “todo” para lograr lo que sea que quiere lograr,  llego a la conclusión de que su percepción de la totalidad es diferente a la mía.  Será que soy desmesurada. Lo cierto es que este “todo” que parece abarcar el universo entero, suele excluir los tres ingredientes básicos:

 

  1. Coherencia.
  2. Consistencia.
  3. Constancia.

 

Si  estás de humor y querés multiplicar los “co”, podés añadirle “confianza” y tenemos el método de las cuatro C de la persuasión.  No es nada que no hayas leído antes.  Entonces ¿qué estás esperando para practicarlas? Porque el saber sin acción no da frutos mi ángel de la buena voluntad. Antes de que decidas retirarte sin volver a este blog nunca más, podrías hacerte las siguientes preguntas:

 

  1. ¿Tu propuesta es coherente? ¿Es coherente con tu estética y tu forma de expresarte en los diferentes canales de comunicación?
  2. ¿Estás actuando con consistencia? ¿Quienes lleguen a tus productos y servicios van a sentirse enriquecidos, con una propuesta que tiene sustancia? ¿Tu escritura tiene un tono personal que la identifica?
  3. ¿Lograste un ritmo de trabajo constante en el que no haya acciones superfluas que te desgasten? Este es el punto más difícil y engañoso del proceso de emprender online. Lo sé por experiencia propia y por haberlo observado en decenas de emprendedoras.

 

Coherencia para persuadir.

 

Dicho de esta forma quizás esté simplificando en exceso un proceso que tiene mucho de búsqueda personal. No siempre lo que es bueno para mi negocio lo tiene que ser para el tuyo. Ni es cierto que porque “a mí me funcionó” a vos tiene que funcionarte de la misma forma y con los mismos resultados. Si lo escuchás por allí, no es mala intención es falta de reflexión.

En este post, vamos a profundizar sobre la coherencia para persuadir y en los siguientes post, voy a abordar las siguientes “C” del método para que realices una intervención profunda en tu marca.

 

¿Qué es la “coherencia” y cómo puede ayudarme a persuadir?

 

No voy a apelar al diccionario pero, sin rebuscar demasiado la cuestión, diríamos que la “coherencia” es la  relación armónica -sin contradicciones- entre las partes de un todo. Aunque amo los contrastes y en ocasiones me divierten las contradicciones, lo cierto es que la mayoría de los seres humanos en este mundo buscan certeza y seguridad.  Vos y tu negocio tienen que trasmitirla.

 

Persuadir es un reto de branding: forma y contenido tienen que estar en consonancia. Aún el consumidor menos sofisticado percibe a distancia una propuesta que está más cerca del “hobby” que de lo profesional.

 

Podés sentir como una injusticia que esta percepción se base en tu posibilidad de invertir -en contante y sontante, no en especias- en ciertos ítems (estética, herramientas, colaboraciones etc) Lo cierto es que, aunque hayas invertido horas de sueño haciendo un logo, escribiendo y editando las fotos de tus productos, apenas un consumidor  llegue a este reducto de todos tus esfuerzos, te va a exigir lo que no le exige a los “profesionales”.

 

¿O nunca conociste a ese cliente que tiene exigencias de tiempo, calidad y precio que no se atrevería a sugerirle a otro tipo de negocio “establecido”?

 

Claro que nadie quiere escuchar esto de su propio negocio. Porque es desalentador. Porque es una mirada desconsiderada a tu esfuerzo y a la pasión que ponés en cada una de tus acciones. Llorá y pataléa.   Cuando te recuperes, podés esgrimir todos los argumentos que creas pertinentes. Digas lo que digas voy a seguir insistiendo: mientras no encuentres la coherencia en tu marca, van a seguir apareciendo los clientes con exigencias absurdas. O peor aún, preguntando y preguntando pero sin comprar.

En ese mundo ideal que existe en tu imaginación, las personas no juzgan por las apariencias y valoran profundamente tu capacidad profesional. Quiero construir ese mundo contigo. En éste, el envase cuenta más de lo que nos gusta admitir. Y tu envase de marca son imágenes y palabras.

 

¿Cómo persuadir desde la coherencia?

 

Sí o sí vas a tener que hacer una análisis desapasionado de tu marca. Quizás no puedas sola y necesites una ayuda profesional. Es natural. ¿Quién puede observar desapasionadamente un hijo?

Más allá del amor, existen otras circunstancias que nos inhiben de un análisis crítico y certero de nuestra marca. Veamos, es  poco probable que tengas experticia en todas las áreas que incumben al funcionamiento de un negocio.  Ni tenés una especialización en diseño gráfico (salvo que ése, sea tu trabajo) y por más trucos de escritura que leas, no sos copy. Ni experta en redes sociales. Punto. Llamate a vos misma “apañada” pero ser “apañada” no significa “apañarse como es debido”.

¿Cómo vas a juzgar lo que desconocés?

La ingenuidad es una dulce  característica del carácter pero no rentabiliza.  Cuando una persona que tiene alguna pincelada de conocimiento en letras habla de escribir, me parece tierna en su ingenuidad. Supongo que a un diseñador gráfico le pasará lo mismo con mis experimentos visuales.

Tómalo o déjalo. No es una visión consoladora pero ¿acaso las visiones consoladoras te está dando los resultados que anhelabas? Eso sospeché.

 

Persuadir no es soplar y hacer botella, decía mi abuela.

 

En los primeros pasos podemos permitirnos todas estas “ingenuidades”. Pero, cuando quieras transformar tu emprendimiento en un negocio que pague todas las cuentas, tenés que jugar en serio. ¿Te cuento cuál puede ser tu punto de partida?

 

  1. Formación. Contratá a quien corresponda contratar, buscá alternativas funcionales que no te arruinen ni moral ni financieramente.
  2. Consultoría. No ingores el poder específico de la consulta a un profesional: invertís algunos billetes para ganar otros tantos multiplicados por todo el tiempo en el cual ese conocimiento compartido te sea útil.

 

Por supuesto que podés pensar que la mía es una visión interesada sobre el tema porque yo misma ofrezco servicios de mentoría. Sin embargo, en ningún momento sugiero que sea a mí a quien necesitás contratar. Para nada. En este momento te hablo como la emprendedora que soy. La que ya recibió los suficientes golpes como para compartir contigo una experiencia que te evite la sensación de frustración y las ganas de tirar la toalla.

 

Cerrar los ojos y pretender que lo hiciste “todo” no es una opción. Si tu negocio no funciona como habías pensado, primero examiná su coherencia y si  tiene aspectos a  solucionar, no esperes. Solucionalos.

 

Dimos el primer paso para persuadir ¿te quedás a conocer los que siguen?  Por lo pronto,  te invito a quedarte un ratito más por acá y leer sobre el Sistema EDP4 para escribir contenido persuasivo. También a que formes parte de mi comunidad de aprendizaje: Escribe y Vende. Es un espacio abierto, colaborador y lleno de personas que están dispuestas a compartir generosamente lo que saben. ¡Te espero dentro!

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