Listo.  Volví a escribir la expresión zona de confort.  Curiosamente, no me broté. Ni se me partió en dos el hígado. espués de mucho pelear contra los lugares comunes, concluí que si algunas expresiones son funcionales para expresar la forma en que se siente un lector, no me voy a negar a ellas. Y mirá que hay muchas de esas expresiones del marketing online y el desarrollo personal que me tienen saturada la paciencia.  Sin embargo, el tema no son las expresiones sino el vaciamiento de significado al cual las somete el manoseo. Porque eso pasa. La repetición conduce a la automatización y la automatización es el colmo del sinsentido.

Por eso, hagamos un trato. Dejemos de nombrarla y enfoquemos toda nuestra energía en trascenderla.

 

Trascendiendo tu zona de confort.

 

Esta es la segunda parte. De esas que dicen que «nunca son buenas».

¿La segunda parte de qué?

La segunda parte de un texto que escribí hace un año y en el cual había trazado siete pasos para salir de mi propia zona de confort. También es el post que precede a la segunda parte de mi historia personal… por que sí, porque me gustan las trilogías.

Claro, si leíste la primera parte y conocés algo de la historia desmesurada, lo que más te interesa es saber cómo sigue el relato. Querés saber qué había más allá de mi propia zona de confort. Pero antes de eso… quiero que tengas un par de herramientas que te ayuden a transitar tu propio camino.

 

¿Y la zona de aprendizaje?

 

Ahora sí. Dicho esto quiero que sepas que se viene otro término de los coquetos: zona de aprendizaje. Menos manoseado e igual de necesario para entender el proceso de quien quiere escaparse de los brazos tibios de la costumbre para ir más allá de sus propios límites.

Bueno… de los que creía sus propios límites.  La zona de aprendizaje es también una zona de molestia. Porque volver a sentirse perdido e inexperto incomoda. Los desafíos que te fuerzan más allá de la automatización te hacen sentir esa molesta sensación de estar al borde de la ineptitud. Creéme: esa sensación es lo mejor que te puede pasar.

 

Lo mejor que te puede pasar es sentirte incómodamente inepta en ese territorio nuevo. Esa incomodidad es el mejor signo de que estás creciendo.

 

Y sí… crecer es incómodo. Lo sé. Por eso quiero que sepas que lo que necesitás para transitar por tu zona de aprendizaje, lo traés de fábrica. Sí. Como leíste. No tenés que salir como loca a buscar fuera lo que viene contigo.  No son virtudes de sabios y santos. Son habilidades que tenés y podés desarrollar.

Si tenés más de una célula en el cuerpo (o sea… si sos un ser más complejo que una ameba) son habilidades que forman parte de tu potencial humano.

¿Cuáles son?

Son cinco y las descubrí el año pasado cuando mi hijo creía que era Bruce Lee.  Sí. Camilo tiene intereses apasionados y mamá lo acompañaba a los entrenamientos de Taekwondo y tenía que pensar en algo mientras su intenso estaba por allí, pierna que va, brazo que viene.  Así fue que conocí los «cinco principios» y además, me di cuenta que a partir de ese momento se iban a transformar en uno de mis mantras.

 

Los cinco principios.

Los cinco principios son:

  1. Cortesía.
  2. Integridad.
  3. Perseverancia.
  4. Auto-control.
  5. Espíritu indomable.

Para que vos también puedas hacer de ellos tu forma de ser y estar en el mundo.

 

¿Desmesuramos un poco?

 

El espíritu de cortesía supone promover el carácter respetuoso, desarrollando una personalidad amable, sincera y que aliente el sentido de la justicia. La honestidad y el respeto son los valores corteses. Supone la aceptación de las propias limitaciones y las ajenas, la capacidad de comportarse de acuerdo a la situación y el más amplio sentido humanitario. Si querés iniciar un nuevo camino y animarte a ir más allá de los límites de lo conocido…

 

Te propongo dos cosas:

 

– Que seas amable contigo misma y tus limitaciones porque son circunstanciales.
– Que seas amable con quienes quieren quedarse allí, en ese espacio del que vos querés escapar.

 

Desde el enojo y el resentimiento, no vas a lograr más que dar vueltas en círculos. Así que pensalo. Antes de sulfurarte por enésima vez en el día por hacer algo que no te motiva, contemplá tu estado actual como un paso del proceso que te lleva a donde querés estar mañana.

Por otra parte, la integridad es la capacidad de hacerte responsable de tus actos en función de la conciencia de lo bueno y lo justo.  Aunque cometas errores y por momentos no seas tu mejor versión. Aunque flaquees. Que nunca esté en duda la integridad de tus actos. No se trata de tener «buenas intenciones» sino de reconocer que podés equivocarte y asumir las consecuencias si es necesario.

La integridad se ejercita, así como se ejercita la paciencia y la serenidad. Ser capaz de volver a empezar, cientos de veces si es necesario y en el convencimiento de que no existe ningún obstáculo insuperable.

 

Porque nadie que sea impaciente en lo trivial tiene éxito en lo que realmente importa.

 

Frente a la intolerancia a la frustración que parece ser el signo de nuestro siglo (me hago cargo de lo que me toca) enfrentar los desafíos de la vida según el principio de perseverancia es mirar el futuro con la esperanza de estar cada día un poco más cerca de lo que queremos.

 

Y llegamos a la piedra de toque.

 

Quiero creer que soy una persona cortés e íntegra. Ahora, en lo que respecta a mi capacidad de auto-control, dejo bastante que desear.

Si en algo tengo problemas y serios, es en manejar los impulsos. Para quien practica el Tae Kwon-Do, poseer auto-control es confiar en el entrenamiento recibido y usar sus potencialidades de forma justa, de acuerdo a la virtud de la templanza.

Dicho con otras palabras, vencerse a sí mismo es el verdadero logro. Voy a intentar recordarlo la próxima vez que me encuentre frente a frente con una torta de chocolate…

 

¿Hablamos del último de los principios?

 

Ante a las situaciones difíciles o en los momentos de confusión, el espíritu indomable es aquel que actúa con modestia y honestidad pero sin quebrarse. Sin que lo atemoricen la dificultad o la dimensión del reto que hay que superar. También es aquel que puede pararse frente a la injusticia y denunciarla sin culpa y sin miedo.

Practicar el auto-control y la perseverancia es uno de mis desafíos para los próximos 60 días. Perseverar en el proyecto propuesto con la capacidad de dominar el impulso de abandonar frente a la primera dificultad. Comenzar sin expectativas y aceptar el fluir de las cosas. ¿Te unís a mi reto personal?

 

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