Quiero compartir contigo mi rutina de escritura para emprendedoras desmesuradas. Sin embargo, te pido paciencia. Antes de contarte paso a paso qué forma tienen mis mañanas blogueras, comienzo con una confesión: la idea de “rutina” rebeló el espíritu desmesurado por cuatro décadas. Eso, hasta hace seis meses.

 

Sí: estás a punto de leer una anécdota absolutamente digresiva. Si tu hígado no puede con ella, te invito a pasar al próximo título y todas tan contentas.

 

En mayo, una simple gota de sangre cambió de un plumazo mis mañanas.  Tranquila, no estoy desvariando.  Ninguna inoculación misteriosa alteró mi percepción. Dejame contarte los detalles. Era el día de la madre y antes del almuerzo familiar, comenté como al pasar:

“Mamá, cada vez me parezco más a vos. Ahora, hablo dormida”.

Entonces, mi madre frunció el ceño y respondió con calma: 

“Cuidado. Eso empezó a pasarme antes de que me diagnosticaran diabetes”.

Epa. Baje dos rayitas la intensidad madre mía. ¿Diabetes? A ver si nos entendemos: no está en mis planes ser diabética. Pero… la duda se instaló en este cerebro desmesurado y ya que estábamos en el baile, me hice la prueba casera de glicemia. Casi con total despreocupación. Como quien solo quiere confirmar que nada va a cambiar. Para mi sorpresa, el resultado lo cambió todo.

Ahora el asunto: si algo requiere disciplina y orden es adquirir nuevos hábitos de alimentación y ejercicio. Doy fe.  De hecho, la experiencia de aprender a nutrirme controlando carbohidratos,  me ayudó a percibir cuánta soberbia se ocultaba detrás de mi pretensión de eludir rutinas en un afán quién sabe si ingenuo o bohemio.

Desde entonces, tengo “morning routine” (¿a qué suena a youtuber millenial?) y yo, feliz como una perdiz con mis mañanas tan disciplinadas que le doy asco a todas mis versiones anteriores. De una forma que no esperaba le encontré el gusto a los rituales cotidianos, que no serían desmesurados si no incluyeran el vicio de escribir.

Dicho esto -era justo contextualizar la cuestión- pasemos a mi rutina de escritura para emprendedoras desmesuradas. ¿Quién te dice? Quizás, podés hacerla tuya.

 

Rutina de escritura para emprendedoras desmesuradas.

 

Rutina de escritura para emprendedoras.

 

El hábito es escribir se cultiva como cualquier otro.  Quizás los primeros días sientas el rigor de la repetición o te sientas un fracaso porque te distrae cualquier imprevisto. Es natural encontrar resistencias cuando te proponés un cambio, por más inocente o mínimo que sea. Lo esencial es no claudicar y seguir adelante más allá de la voz insidiosa que te habla al oído.

Ignorá los comentarios de tu impostora (si no tenés el gusto, te la presento en este artículo: Síndorme del impostor: tu primer inquilina.) y enfocate en diseñar un ritual tan agradable que sientas la necesidad de repetirlo aún cuando las palabras no te acompañen con la fluidez que desearías.

En última instancia, crear una rutina es establecer una serie de acciones que, repetidas habitualmente, se transforman en parte de tu vida cotidiana. Cuando logramos darle a estas acciones un tono placentero, aumentan nuestras chances de persistencia. Porque si algo aprecia nuestro cerebro es recibir su dosis de pequeños placeres.

 

Cómo crear tu rutina de escritura para Emprendedoras.

 

Mi momento preferido para escribir es la mañana. Me levanto muy temprano y me tomo mi tiempo para desayunar tranquila mientras leo algún artículo interesante, llevar a mi hijo a la escuela, salir a caminar y luego, concentrarme por lo menos de 60 a 90 minutos a escribir sin interrupciones .

Si puedo dedicarle más tiempo a la escritura, lo hago sin dudar. Desafortunadamente, mi familia tiene la ingrata costumbre de alimentarse y – específicamente desde que soy tan consciente de lo que debo o no debo comer- cocinar pasó a formar parte de mis mañanas.

Como aspiro desmesuradamente a la simplicidad, no me senté concienzudamente a diseñar una serie de acciones articuladas para aumentar mi productividad. Simplemente, consideré cuáles eran las acciones impostergables y en torno a éstas, construí lo demás.

 

Lo impostergable primero.

 

¿Qué es lo “impostergable” en mis mañanas? La respuesta no ofrece dudas. Durante la mayor parte del año, llevar a mi hijo a la escuela e irlo a buscar marca el comienzo y el fin de mi rutina de escritura para emprendedoras. Entre nosotras: despertar a Camilo puede ser más desafiante que enfrentarse a golpes de puño con la inspiración literaria.  ¡Cómo le gusta dormir al niño! Despegarlo de la cama puede ser una tarea de astucia e insistencia.

Hay días en los que la paciencia y la dulzura maternal no me acompañan, por eso, procuro que todo lo necesario (ropa, mochila, desayuno) esté en condiciones y accesible para que él mismo ritualice sus acciones. Bueno, al menos, todo lo que sea posible ritualizar las acciones de un niño de nueve años.

 

Si tenés más de un hijo al cual preparar para la escuela, mandame tu autógrafo porque, para mí, tiene tanto mérito como ser CEO de una stratup.

 

Cómoda, pero no tanto.

 

¿El secreto? Tanto para mi hijo como en mi rutina de escritura para emprendedoras, el secreto para consolidar el ritual es encontrar los pequeños placeres que recompensan el esfuerzo de desprenderse del sueño: un perfume, un sabor -un té especial, por ejemplo-, una canción. Elegí aquello con lo que te sientas más cómoda pero que solo disfrutes en “ese” momento.

 

Mi sabor de la mañana es el café, simple pero efectivo. También uso dos gotas de aceite esencial de jazmín, una en las muñecas y otra en la nuca. El perfume me reanima y lo siento mientras escribo.

 

Hablando de comodidad, te cuento que con la escritura pasa algo muy singular. Por supuesto que para escribir la comodidad es indispensable. La temperatura, la ropa que llevamos puesta, el espacio en el que escribimos y tantos otros factores externos favorecen u obstaculizan nuestros esfuerzos.

Sin embargo, demasiada comodidad perjudica. A riesgo de ser simplista y obvia en mi planteo te recuerdo que, siempre que puedas elegir, te sugiero escribir sentada frente a una mesa o escritorio. La cama o el sillón pueden ser tentadores (en la caso de que tengas esa maravillosa posibilidad) pero más temprano que tarde van a terminar saboteándote.

Demás está decir que, si sos de las personas que tienen el celular cosido a las palmas, esta es tu oportunidad de descoserlo y dejarlo en otra habitación durante el tiempo que hayas destinado a escribir. Nada es tan urgente como para que tengas que tenerlo a mano. Y si algo es urgente, sabrán cómo localizarte. Te lo aseguro.

 

¿Tiempo o palabras?

 

Ahora sí, a escribir. Personalmente, prefiero marcar el progreso por tiempo. Exigirte escribir determinada cantidad de palabras puede ser agobiante. Por otra parte, saber que los siguientes 90 minutos puedo dedicarlos de lleno a escribir, no solo es más alentador sino que a mí, personalmente, me entusiasma.

Lo esencial es no detenerte por cada mosca que pasa volando. Cuando es el momento de escribir, se escribe. No importa con cuánta corrección. Ya llegará el momento de editar y entonces, vas a tener la oportunidad de reducir, cortar y enjuiciar cómo es posible que yo haya escrito esto.

Si por alguna razón no corren los ríos de tinta, no fuerzo la situación. Me distraigo en alguna de las tareas de la casa -especialmente las que pueden resolverse en diez minutos, como barrer o poner el lavarropas- porque, como el castigo de Sísifo se renuevan todas las mañanas.

 

herramientas en una rutina de escritura para emprendedoras.

 

Aunque las herramientas nunca son tan importantes como el gesto en sí mismo, es probable que te preguntes si es preferible escribir a mano o en la computadora. ¿Qué podría decirte que no sepas? Mi respuesta es condicional: depende. Depende de lo que escribas y de cómo te sientas más cómoda.

 

La escritura manual tiene beneficios añadidos más allá de las tendencias. Sin embargo, en lo que a mi  blog respecta, escribo directamente en el editor de WordPress.

 

Aunque tengo alguna que otra app de escritura,  entre ellas una estrictamente profesional (por si te interesa, te dejo el enlace: Airstory) escribir en el editor del blog me resulta más práctico. Reservo la escritura a mano para dejar constancia de los pensamientos que habitan este cuerpo desmesurado. O para sintetizar ideas de los libros que me interesan. En ese caso sí, necesito escribir de puño y letra para “hacer mío” lo leído.

Si tuviera que sugerirte una herramienta de utilidad sería el calendario editorial.  No es que sea la panacea de la escritura, pero disminuye significativamente el estrés que nos asalta al enfrentarnos con una página en blanco. En una rutina de escritura para emprendedoras la planificación de temas  es un paso necesario. Te cuento con más detalle cómo encararla en este artículo: Crear un calendario de contenidos en 5 pasos.

 

Rutina de escritura para emprendedoras con poco tiempo.

 

Aunque preparar tu ritual placentero de escritura suena idílico, ocasionalmente, la realidad tiene otros planes. Quizás no cuentes con una hora todas las mañanas para sacralizar el acto de crear contenidos. En ese caso, mi mejor sugerencia es que saques partido de los tiempos de desplazamiento o de espera.

Solo de pensar en el tiempo perdido en una sala de espera me consume la ansiedad. ¡Es un momento ideal para escribir! De la misma forma que lo es el tiempo que permanecemos en distintos transportes públicos o en el receso del almuerzo para quienes trabajan o estudian. Puede no ser sencillo al comienzo. De hecho, los ruidos pueden ser un problema. Sin embargo, el hábito hace al monje y con el correr de los días se aprende a aceptar los sonidos del entorno y esto no los elimina pero los atenúa.

En este caso, tu mejor opción es comenzar formulando con total precisión la idea central del artículo y escribiendo el final. Suena contraproducente pero funciona. Tener una visión de a dónde queremos llegar tiene la virtud de hacer visible el camino que hay que recorrer. No siempre hay que saber el “cómo”, a veces solo tenemos que confiárselo a la intuición.

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