No esperes en este artículo un decálogo de consejos prácticos para ser emprendedora y feliz.  Ahora que ya aclaré lo que no voy a escribir y ahuyentamos las falsas esperanzas, me siento aliviada. Nadie se va a sentir engañado porque no encontró en este texto la fórmula para cambiar su destino.

Como lo haría el Lazarillo de Tormes, esta historia hay que “tomadle desde el inicio” para entenderla. No es que sea original o que tenga un final inesperado. Es más, creo que es bastante ordinaria, predecible y en progreso. Te invito a conocer cómo una desmesurada llega a crear su propio emprendimiento y cómo se vive con eso.

Como toda historia es un recorte de la realidad, de mi realidad. Sin embargo, leer estos fragmentos de memoria te ayude a encontrar inspiración, fortaleza o consuelo. Algo que necesité en más de una ocasión mientras buscaba la fórmula para explicarle al mundo que es posible cambiar de profesión, luego de quince años.

 

¿Emprendedora yo? Esta es una historia sobre ser emprendedora. Te lo cuento por si estás en uno de esos días en los que la realidad te abruma. Un cuento podría ayudarte más de lo que te estás imaginando.

 

Ser emprendedora: érase una vez.

 

Había una vez una mujer que trabajaba muchas horas en una empresa exigente. Lo disfrutaba porque nunca pudo resistirse a los desafíos. Era éste un trabajo muy lucrativo, en el cual aprendía muchísimo. Pero la misma mujer quería ser madre. A ver, nunca había sido una de sus aspiraciones, pero lo biología y las circunstancias hicieron lo suyo. El deseo de tener un hijo llegó luego de perder la mitad del sistema reproductor.  Desde entonces  -de eso ya hacía tres años- buscaba quedar embarazada, sin demasiada suerte. Cuando comienza a pensar en buscar ayuda profesional y está dispuesta a comenzar cualquier tratamiento que sea necesario, ocurre el milagro.

El 27 de febrero del 2009 la prueba de embarazo, da positivo. Está más feliz que una perdiz (no entiendo este dicho, ¿alguien lo entiende?) y a partir de ese momento no puede pensar en otra cosa. Cerebro totalmente ocupado por el “monotema” de la maternidad. Literalmente: transformó mi forma de mirar lo que me rodeaba.

Es una situación curiosa: toda la semana anterior al “día test” trabajó hasta las cinco de la madrugada para cumplir con las deadlines de entrega de proyectos. Un día después del 27 de febrero, cualquier esfuerzo intelectual era una perturbación. Además, tiene placenta previa y le recomiendan reposo. Ni falta hacía que lo pidiera el ginecólogo. Por supuesto que iba a descansar y tomarse el tiempo para disfrutar del embarazo. Y es en este momento en el cual las cosas comienzan a cambiar.

 

Ser emprendedora: Antes y después.

 

Después vienen una serie de hechos que también se podrán imaginar: mientras el embarazo avanzaba había que buscar una casa para la nueva familia. No era una tarea fácil, pero la encuentra: a reciclar toda ella (otro desafío al que no podía resistirse).

Compran la casa en setiembre y la madrugada del 13 de octubre, susto mortal. Algo no está bien y vive un momento de tensa incertidumbre. Pero el bebé nace muy sano y ella vive un puerperio absolutamente normal. Como necesitó su licencia durante el embarazo, a las seis semanas tiene que volver a trabajar.

Sin demasiadas ganas, pero consciente de que hay que pagar la casa, el primer día de noviembre “vuelve al ruedo” (no es una metáfora). Oh sorpresa: los dos suplentes que se necesitaron para cubrir su cargo, están instaladísimos y desde entonces “re-definen” su rol en el departamento (ahora que lo piensa, nuestra protagonista está convencida de que debió irse en ese momento)

Se desalienta. Sin embargo, tiene un hijo y una casa que pagar. Error, gran error la conformidad. Porque no logra sentirse cómoda en medio un clima de tensión que desconoce y la asombra. Para algunos era una molestia y para otros, casi una amenaza. Por no decir que no tiene energía para enfrentarlo: los obreros van y vienen por su vida, un bebé de meses necesita de su madre y por allí hay un padre que soporta estoico maloshumores y rabietas.

Todos los días siente cansancio, dolores de cabeza y la sensación de estar fuera de lugar. De una cosa estaba segura: no se había equivocado con formar una familia. Pero nunca había pensado en otra cosa que ser empleada. Por lo tanto, ni se cuestiona ser emprendedora, esa posibilidad es ajena a su mundo.

 

Ser emprendedora: el fin del prólogo.

 

Así, pasa más de un año. Los únicos momentos felices que recuerda más allá del bebé son los de escribir su blog, ir haciendo realidad la decoración de su casa y preparar el primer cumpleaños. En el muy reciente Pinterest, buscando ideas, esribiendo y haciendo manualidades en la madrugada del sábado. En fin, aprender el disfrute de celebrar.

Es el momento en el que la protagonista de esta historia pasa cientos de horas sin dormir dedicadas a buscar una respuesta a su insatisfacción (muy existencialista, lo sé) mientras descubre la creatividad de tantas mujeres emprendedoras que comparten sus ideas en internet. Está descubriedo que se puede ser emprendedora.

Todo parece tan maravilloso a través de la pantalla. Entonces se acuerda de una historia que le contaron alguna vez, sobre una doctora en Letras norteamericana que un día dejó el mundo universitario, se fue al medio del campo y se dedicó a tejer a mano. Suena seductor. Pero ella y su zurdera no pueden ni con medio punto. Así que tejer no es la respuesta. De eso está segurísima. Hubo una pobre abuela que perdió la paciencia intentando enseñarle crochet. Sin mayor suerte para ambas. ¿Qué es lo que puede hacer?

 

En este momento, llega el continuará de mi ser emprendedora: la búsqueda del propósito y el conflicto que supuso dejar un trabajo en el que pensé que iba a permanecer de por vida.

 

Nos encontramos en el segundo capítulo.

 

Ya tendré tiempo de corregir los errores en este artículo. Porque en este preciso momento, hay un niño de tres años reclamando a una madre que hace un rato largo está en la computadora haciendo lo que tiene ganas de hacer. Y como puede hacer lo que tiene ganas de hacer, puede decidir en qué momento se aleja del teclado para darle mimos (y evitar que haga alguna macana intentando llamar la atención)

¿Querés  saber qué pasó con esta “anónima” protagonista? Entonces, te invito a leer la segunda parte de esta historia sobre ser emprendedora. Pero antes de irte contame si conocés alguien que se haya sentido como mi personaje (no tiene por qué ser tu historia personal, por supuesto).

Si te interesa además, podés contármelo en mi grupo de aprendizaje: Escribe y Vende. Si algo abunda por allí son las historias y las personas maravillosas que las vivieron y las comparten generosamente. Además, vas a encontrar reflexiones y tips que no están en ningún artículo. Y una energía contagiosa. Pero esto, ya tendrás tiempo de juzgarlo personalmente. ¿Te espero dentro?

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