Aprender a liderar tu emprendimiento, significa comprender que en el camino van a presentarse cotidianamente desafíos que reten tu paciencia. En ocasiones, tu paz mental y tu billetera. El aprendizaje es una actitud vital para superar los obstáculos que supone emprender un proyecto personal y debería ser la piedra filosofal de tu mentalidad.

Porque algo es seguro: los obstáculos van a estar allí -esperando el momento para presentarse- te sientas como te sientas respecto a tu vida.

Más temprano o más tarde vas a enfrentarte con situaciones que ni te hacen feliz, ni facilitan tus objetivos. Es un hecho. Sin embargo, aunque no sea posible evitarlos o ignorarlos, si es posible elegir cómo recibirlos y entenderlos.

Por eso, en este artículo, quiero compartir contigo un ejercicio simple para superar los obstáculos de emprender sin que te internen o te den prisión preventiva.

Superar los obstáculos o perecer en el intento.

1- Lo que no depende de mí…

Algo que siempre me ayuda cuando se presenta una situación que frena mis objetivos es reconocer qué depende de mí, diferenciándolo de lo que no puedo controlar aunque lo desee. Por ejemplo:

  • Solo puedo «intervenir» tangencialmente en la forma de actuar y sentir de otra persona. Aunque desee fervientemente cambiar la actitud de un socio o un proveedor, mis posibilidades en esta situación tienen sus límites: expresar aquello que no está beneficiando nuestro proyecto con claridad y, llegado el caso, tomar decisiones.

  • Por otra parte, apenas puedo «intervenir» con mi actitud en los procesos dolorosos propios de la vida. La pérdida de un ser querido o la enfermedad que limita mi bienestar físico son realidades tangibles. Negar el dolor no es una posibilidad e intentar cicatrizar una llaga profunda con paños tibios, tampoco.

Esta distinción entre lo que depende de mí y lo que no, paradójicamente, me da poder. Un conocimiento aparentemente desalentador se transforma en el fundamento de mis acciones futuras. ¿Por qué? Porque, como los estoicos, reconozco que la situación existe pero elijo si quiero reaccionar ante ella negándola o aceptándola para actuar en consecuencia. 

Más allá de esta situación dual de negación o aceptación del obstáculo o del dolor, defiendo el derecho al pataleo. ¿Qué significa esto? Te propongo que hagas tu berrinche. Date permiso para sufrir a los gritos, porque sos un ser humano y no una iluminada.

Pero luego de agotar esa energía, dejemos que pase la tormenta de emociones y decidamos qué vamos a hacer con “eso” que tanto molesta. Porque, doy fe, no va a desaparecer por el simple deseo de ignorarlo. Mirar hacia otro lado solo va a alimentar esa voz interna que repite como un estribillo: “siempre me pasa lo mismo”, haciéndote sentir defraudada.

¿Es simple este cambio? ¡Para nada! Como todo ejercicio que se precie, se consolida con la práctica. Pensemos en una situación simple pero molesta: la tecnología supera mi paciencia. Me sigue generando acidez que las plataformas que utilizo para mi negocio no funcionen como espero. O no entender intuitivamente cómo funcionan sin tener que tomar un curso de introducción. Pero, me lo tomo con sentido del humor y nunca dejo que eso me detenga.

Si una no funciona, sigo buscando. Confío en que voy a encontrar otra que se adapte a mis necesidades. Tengo más confianza aún en que alguien me ayude a solucionar el problema que en un momento dado no entiendo cómo resolver. Curiosamente, para superar los obstáculos digitales, ese «alguien» siempre aparece.

2- Conciencia de la temporalidad del obstáculo.

Aún en el caso de estar viviendo tu “peor escenario posible”, la situación es temporal.  Los seres humanos somos seres en el tiempo y todo lo que nos pasa, está sujeto a él. 

La sabiduría popular dice que no hay mal que dure cien años: tarde o temprano se diluye o genera hábito.

En la inmensa mayoría de los casos es posible hacer algo para cambiar los resultados, entre el período de shock que provoca el surgimiento de un obstáculo y el establecimiento del hábito. Aún cuando te capacidad de reacción sea limitada, siempre te queda la opción de elegir cómo sentirte al respecto. ¿Cómo? Te cuento: empecemos por vigilar de cerca el monólogo interior desatado. Sí: ese discurso que te inculpa y desvaloriza.

Esto no significa resignarte. Significa que vas a diferenciar lo que está en tus manos de lo que no. Vas a dejar correr lo que no es posible cambiar y vas a actuar con decisión sobre lo que sí se puede mejorar o transformar.

Quiero decirte una cosa más. En general los obstáculos no llegan “todos juntos”. Y aunque así fuera, la decisión más lúcida siempre es trabajar en ellos de a uno.

4- Aprender y aceptar.

Si algo no dependiera de mí, puedo elegir aceptarlo y aprender a vivir el dolor físico o psicológico que me provoque.  ¿Qué sentido tiene rebelarse contra lo que no podemos cambiar? ¿Vivir enojada mejora tu vida?

Siempre consideré poco atinada a la persona que reacciona frente a la depresión de un ser querido diciéndole: “no te deprimas. Vestite y vamos a salir”.  Eso no es ayudar. Quien se siente triste, está de duelo o deprimido ni quiere salir, ni quiere defraudarte. Simplemente no puede hacer lo que se le está pidiendo.

¿Qué se puede hacer entonces para superar los obstáculos de la propia psiquis? Reconocer lo que está pasando y buscar ayuda para que el estado actual no condicione su vida entera. De hecho, el blog que estás leyendo en este momento, es en gran parte fruto del duelo por la muerte de mi padre.

Durante un año fue mi válvula de escape. Mi usina creativa para superar los obstáculos. Cuando pensé que no iba a lograr entusiasmarme con nada, encontré una comunidad de pertenencia y retos que me permitieron transformar el dolor en creación de la forma que puedo hacerlo: escribiendo.

¿Qué puedo controlar?

Cuando entiendo pocas cosas son, en sí mismas, “catastróficas” más allá de mi respuesta, entonces tengo la libertad de liderar lo que me proponga.

¿Escuchaste decir que la vida es 10% de lo que nos pasa y 90% de cómo reaccionamos frente a lo que nos pasa?

Yo sí. Muchas veces. Realmente lo creo. Así como creo que somos lo que percibimos del mundo y que vivir con furia o con miedo no es la mejor forma de pasar el poco tiempo que tenés en este mundo.

¿Si me pasan cosas que me molestan? ¡Claro que sí! Pero aprendí que cuando ya no soy capaz de cambiar la situación que me rodea, sigo siendo capaz de cambiarme -o al menos analizarme- a mí misma.

Si sos de esas personas que se enfurece con el mundo,  quiero que conozcas una técnica sencilla que puede mejorar en mucho tu capacidad de entender el potencial de cambio que tenés en cada situación.

NEMO para superar los obstáculos (sí, como el pez de Pixar)

Esta técnica muy simple me ayuda a objetivar esos enojos repentinos que nos sacuden la serenidad. «Nemo» es un acrónimo de:

  • Nombre: “cuando… (nombre o definición de lo que me molesta) hace…(descripción de la acción)”
  • Emoción: “me siento… (descripción de la emoción dominante)”
  • Motivo: “por eso, hago o digo (descripción breve de lo que hago o digo en esta situación concreta)
  • Objetivo: “me gustaría… Este es el momento en el cual vas a escribir cómo preferirías que fuera la situación. Asumiendo que no podés cambiar lo que la persona hace o dice, pero sí es posible aceptar y trabajar sobre tu emoción al respecto.

Si se trata de una persona cercana, tenés la feliz oportunidad de decírselo para que comprenda cómo te hacen sentir sus acciones. O sea, estás actuando sobre lo que sí podés actuar.  

Espero que esta técnica te ayude como a mí a superar los obstáculos que surgen por generación espontánea al emprender. También, desearía que algún día me cuentes que respiraste profundo y pensaste: Nemo contigo.  Y tu día fue un poco mejor.

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