Tuve un encontronazo con la era de hielo del emprendimiento. Ni corta ni perezosa, quiero contártelo porque, como mencioné antes, uno de mis reparos respecto a los informes del mundo emprendedor es que no relatan el proceso. Y mucho menos los fallos. En general, los ejemplos disponibles son de proyectos redituables que escriben desde el aprendizaje que deja el éxito, nunca desde la experiencia incierta de comenzar en un mundo desconocido. En ese sentido quiero hablar de lo que no se habla: el lado oscuro de emprender online.

Sobre estos tres aspectos de emprender online que me mantuvieron en silencio por algunos días trata este artículo desmesurado.

 

En este artículo te cuento el lado oscuro de emprender online.

 

Errar es humano. Escribir un blog es divino.

 

¿Sos lectora regular de este blog? Entonces sabrás que desde hace algunas semanas, estoy anunciando un cambio de propósito -no de estilo- y por lo tanto, probando estrategias. A mi manera. Por eso estoy leyendo mucho sobre el tema, participando de un proceso de mentoría y llevando a la práctica algunos de los contenidos teóricos que voy aprendiendo para testear si me siento cómoda con ellos.

No es que sea un proceso complejo, pero sin duda es agotador. Es agotadora la incertidumbre. Especialmente para mí, que hasta el momento tenía un trabajo estatal, con todos los beneficios y la certeza de la función pública.  El ensayo y error constante de este camino puede ser agotador.

No tengo reparos en escribir que en estos últimos meses cometí más errores de los que desearía reconocerme. Errores que forman parte del camino que empiezo a recorrer. Por ejemplo:  las funciones operativas me complican la vida. Tramitar una tarjeta de crédito internacional y gestionar una cuenta en Pay Pal, me generaron un tipo de ansiedad que reconozco claramente como un paso fuera de mi zona de confort.

Especialmente porque elegí un tipo de tarjeta que consideré la más acorde a mi estilo de vida y claro, tiene sus propias reglas. Así que de buenas a primeras, me desayuné de las características propias de las tarjetas internacionales pre-pagas.

 

¿Qué es una tarjeta internacional pre-paga?

 

Una tarjeta de crédito sin límite de compra porque está supeditada al monto que deposites para utilizarla. No tiene un cargo mensual sino bianual y permite abrir una cuenta propia en Pay Pal.

 

Para realizar una prueba interna de mis cursos, necesitaba implementar una forma de pago. Por lo tanto, tener una cuenta en Pay Pal era un paso obligado. También lo era para adquirir algunos cursos y productos digitales que quería leer yo misma porque: ¿cómo ofrecer infoproductos si no contrasto lo que puedo producir con la oferta existente?

Como mis planes son para el próximo año, decidí que este último trimestre era el momento de implementar estos detalles técnicos. Y claro,  me equivoqué por desconocimiento y por ansiedad. Afortunadamente, tengo las suscriptoras más amables del mundo, de lo contrario, me habrían dejado sola en la mitad del viaje.

En primer lugar, me equivoqué por desconocimiento. Por no saber cuáles son las preguntas que se deben hacer y a quién. Era la primera vez que manejaba mis cuentas bancarias de forma digital y también era la primera vez que creaba una cuenta en Pay Pal.

 

¿Querés saber porque me enojé tanto conmigo misma?

 

Porque después de esperar por días el código de verificación de mi cuenta, la madrugada de un viernes (a las dos de la mañana) descubrí que ya tenía los dichosos cuatro numeritos. Sí. Sé lo que estás pensando. ¿Qué hacía despierta consultando mis registros en línea un viernes a las dos de la mañana?

Bueno, creo que ahora estás entendiendo un poco mejor el nombre del blog. Por eso. Porque soy desmesurada. Una mujer sensata, se habría dispuesto a dormir y en la mañana, descansada y sin apuro habría verificado su cuenta. Después de esperar diez días, esperar unas horas más, no mata a nadie. Sin embargo, ese tipo de acciones prudentes no son las que me caracterizan.

Quien escribe, entre la ansiedad y el sueño, en lugar de verificar su cuenta, tocó el botón equivocado y generó un nuevo proceso de identificación que invalidó el código que acababa de recibir. ¿Te explicó cómo me sentí en ese momento? Exactamente así.

Confirmando el extendido mito sobre las rubias, había cometido el error más incomprensible, por pura ansiedad. Por no preguntar. Por no leer con atención. La palabra frustración no describe cabalmente la forma en la que me sentí. Después de tanto esperar, tenía que postergar toda mi planificación por un impulso que no supe dominar.

 

Visto con perspectiva.

 

Sé que sea cual sea el resultado de mi experiencia emprendiendo con un blog, cuando realice el balance anual de mi experiencia, este error va a ser simplemente una anécdota y un paso más en el proceso de aprendizaje. Sé también que equivocarme es una de las posibles formas de aprender. Al igual que decidirme a participar de una mentoría para mejorar mi experiencia y ofrecer los mejores productos del conocimiento que sea capaz de crear.

En general, suelo superar con rapidez este tipo de situaciones. Esta vez, el comienzo de la gripe más larga en mi vida confabuló en contra y me costó un poco más reponerme de la sensación de ser incompetente. Como verán, nada es insuperable. Acá estoy, vivita y coleando diría mi abuela. Los obstáculos son oportunidades  y ya tengo activo un poco elegante pero efectivo botón de compra en mi primer producto digital.

 

El lado oscuro de emprender online.

 

Y ya que estamos descubriendo el lado oscuro de emprender online, te cuento el segundo encontronazo con las sombras. No me refiero a las sombras propias -con esas ya nos conocemos- sino a esa parte que no había previsto: los comentarios.

Francamente, nunca me cuestioné respecto a la respuesta ajena a mi proyecto porque, como actitud vital, prefiero concentrarme en ofrecer lo mejor de mí sin especular sobre qué pensarán o no pensarán otras personas de lo que estoy haciendo.

Suelo ser cuidadosa de no ofender y si algo resulta molesto y me lo notifican, rectifico porque me parece de rigor el respeto. Siendo cauta con mis expectativas para esta primera etapa, elegí realizar una prueba interna de mi Programa. Una versión informal, sin gran inversión económica, solo para suscriptoras. De modo que, cuando llegara la presentación del ofrecimiento del curso pago, quienes lo recibieran fueran solo el núcleo de mujeres que eligieron seguir el curso gratuito. Un grupo bastante seleccionado por cierto, ya que al no hacer promoción ni lanzamiento tal como se debe, la difusión del curso gratuito fue muy moderada.

 

La promoción y la insistencia.

 

En honor a la verdad, lo que hice no fue promocionar sino anunciar mi proyecto.  Aún así, hubo momentos en los cuales me sentí incómoda con lo que yo considero insistencia para vender. En fin, lo cierto es que el grupo de suscriptoras es muy modesto, con lo cual:

 

  1. Mi proyección de venta es escasa. Lo natural cuando no se invierte en publicidad y no se tiene una lista enorme de suscriptores.
  2. En general, está formado por lectoras que me siguen por amabilidad y simpatía aunque no tengan intenciones de comprar nada que ofrezca.

 

Estos dos hechos estaban muy asumidos en mi planteo. Claro, hubo otros que no logré visualizar respecto a las personas a las que me estaba dirigiendo. Como, por ejemplo, recibir un comentario aparentemente constructivo e inofensivo. ¿Inofensivo? Uno de esos que,  quieras o no quieras, te descolocan por horas. Bueno. Al menos a mí, este tipo de mensaje me descoloca. Logran lo que no deberían: pierdo todo tipo de incentivo en el día que los recibo.

A pesar de ser desmesurada, no me provocan indignación sino desconcierto. Cuando el desconcierto se diluye, comprendo la lección y sigo adelante. Pero, sin duda, recibir este mensaje me confirma que sigo tratando con seres humanos y para mí, es una expresión de el lado oscuro de emprender online.

 

La era del hielo del emprendimiento.

 

Llegamos a la última de mis experiencias como emprendedora en las últimas semanas.  ¿Alguna vez te planteaste el tema de la competencia ? ¿O te preocupa que te copien? Te cuento algo: a mí no me preocupa. No considero la competencia y la copia no me desvela. De hecho, entiendo que el plagio te indigne. Pero no forma parte de mis pensamientos.

 

La competencia.

 

Hace un par de semanas, fui con una de las novias con las cuales trabajo a visitar el salón donde va a realizar su boda. El objetivo de la visita era dimensionar el espacio y sus posibilidades. Especialmente las posibilidades de decoración en altura. Discutir aspectos básicos de organización, realizar mediciones y retirarnos sin más trámite.

Nuestra visita, coincidió con la preparación de una ambientación para esa misma noche. Un despliegue considerable, a decir verdad. Con un equipo de cuatro floristas, una coordinadora y dos electricistas trabajando en la colocación de una red de luces decorativas en el exterior. Al ingresar al salón, saludamos y nos dispusimos a observar los detalles que nos interesaban.

Aunque confío en mi memoria visual, suelo tomar fotos de los espacios y de los detalles específicos del salón que los novios quieren destacar. Por lo tanto, registro mis visitas en fotos. Luego del quinto disparo fotográfico, la encargada del salón nos comunicó la molestia de la decoradora trabajando por las imágenes y juro, que me tomó desprevenida. Totalmente.

 

Porque:

 

  • No lo consideré ético ni anti-ético porque estaba enfocada en mi trabajo, no en el suyo. Estaba proyectando el espacio, no observando los detalles de ese momento.
  • En todo caso, alguien que realiza un despliegue tan importante de medios, no debería preocuparse por la copia o el robo de imágenes. Si tenés tu sello personal, no hay forma de imitarlo sin caer en la vulgaridad.
  • Pensar en la copia, me parece una actitud de otra época. Luego de Pinterest e Instagram, no hay imagen que no esté en línea. De hecho, nada de lo que había era especialmente original o nunca visto.

 

Evidentemente, me disculpé y garanticé que iba a borrar las imágenes.  Pero fue como un balde de agua fría. A veces me cuestiono si con mi actitud desmesurada, esto de emprender no es una misión kamikaze. Queda claro que mis reglas de funcionamiento no están acompasadas con las del medio. Por lo visto ni online ni offline. No porque me considere especial sino porque, claramente, todavía me falta anticiparme a ciertos patrones de conducta.

 

El desconcierto que me provoca.

 

Esto no quiere decir que sea una santa. Mil veces observo propuestas que no me gustan o me parecen inadecuadas de alguna forma. La envidia no es una emoción para mí. Nunca lo fue. Pero sí siento mucha curiosidad sobre los mecanismos que conducen a logros y a resultados  todos los proyectos.

Jamás de los jamases, haría un comentario negativo al respecto. Mucho menos un comentario que se disfraza de halago. Tampoco me da vértigo pensar que me plagien, porque no hay nada nuevo bajo el sol y porque quien necesita hacer algo de esta índole, tarde o temprano cae por su propio peso.  Hay que tener mucha constancia para vivir copiando.

 

Sobre el plagio.

 

Quizás obtiene algunos beneficios inmediatos y fáciles, pero sin duda no va a prosperar. Confío en los lectores y en el hecho de que cada emprendedor tiene su estilo y por ende, el tipo de público sensible a sus características.

Mi blog, por ejemplo, es para lectoras. Por lo tanto, las personas visuales huyen despavoridas. Soy consciente además, que el cambio que estoy realizando supone el alejamiento de muchas lectoras que lo seguían y disfrutaban en su forma original. No me encanta esta situación pero la comprendo.

También me incomoda el aspecto dinámico de la comunidad de lectura de un blog profesional. No te voy a mentir: sufro una desilusión cada vez que alguien anula su suscripción. Comprendo que así funciona: alguien que llegó casualmente por el curso gratuito, luego del segundo mail de promoción, se aburre y se retira.

Mientras tanto, me despido pero no sin antes preguntarte cuál es tu opinión sobre los tres temas que están planteados en este post: sobrellevar los propios errores, la postura frente a la crítica -la que tiene buenas o malas intenciones- y la visión respecto a la copia o el plagio. Nada menos. Pero espero y confío en tu respuesta.

PD: si querés seguir leyendo reflexiones como ésta, te invito a que visites Mentalidad emprendedora: tres grandes mentiras.

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